sábado, 6 de septiembre de 2014

"¿Mera cuestión de gustos (musicales)?"

Al papa emérito Benedicto XVI no le gusta nada la música heavy; al joven cura español Vicente Esplugues, sí. El papa emérito Benedicto XVI incluso expone, en su libro Cooperadores de la verdad, publicado en España por una editorial ligada al Opus Dei, el por qué considera él que buena parte de la música popular moderna no “estimula” a que el hombre (varón y mujer) vaya al encuentro de su propia interioridad, y mucho menos al encuentro de Cristo. Posición de Benedicto XVI que no será, sin duda, compartida por el sacerdote heavy español.

Bueno, ¿y qué se puede extraer de todo esto? Me considero melómano empedernido, y me “chirriaron” un poco en su momento las advertencias de Benedicto XVI sobre las músicas y Dios, sobre espiritualidad y música, sobre seguir a Cristo y escuchar ciertas músicas…idem supra

Me chirriaron porque a mí me gustan estilos y tipos de música que al papa emérito Benedicto, de gustos musicales tan cultos, clasicistas, refinados, puede que no le gusten nada. Solo que yo pertenezco a la generación del cura Vicente, no a la de Benedicto XVI… Sin embargo, el heavy, Dios mío, precisamente el heavy.

Que Benedicto XVI no guste de la MPB (música popular brasileña), del rock sinfónico (del que soy muy devoto: Pink Floyd, Yes, Genesis, King Crimson, Emerson, Lake & Palmer, Camel, el primer Supertramp..., hasta el extremo de llegar a aprenderme en su momento los nombres de los músicos de estas bandas, los títulos de algunos de sus discos, o aun fragmentos de letras de sus canciones), del jazz, de la canción de autor, del folk, del blues (que a mí me flipan), ya no me produce ningún desasosiego, aunque sean músicas no poco “paganas”. Pero ciertamente con el heavy metal tengo mis reservas, acaso porque a mí tampoco me gusta particularmente.

Es decir, yo me quedé en los albores del heavy, todavía en el llamado rock duro (hard rock) con Led Zeppelin, Deep Purple y Black Sabbath, principalmente. Las tres, bandas que nunca perdieron las sólidas y hondas raíces del blues propias del rock & roll original. O me quedé con esa mezcla de andalucismo y rock duro que se llamó Medina Azahara, entre otras bandas y otras fórmulas musicales del mundo del rock. Pero ya con la irrupción de bandas como Judas Priest o Motörhead, más ruidosas, menos apegadas al sonido blues... Porque no en balde considero que la intensificación del rock duro hacia los caminos o sonidos actuales del heavy metal, con toda su carga de subculturas urbanas, y de nihilismo, materialismo y hedonismo (me quiero referir al glam metaldeath metal, thrash metal, metal negro...), muy poca estimulación de la espiritualidad debe aportar a la escena musical y cultural.

Veámoslo si confieso que yo a menudo me acuesto y me levanto escuchando canto gregoriano. Invariablemente, esta música me hace mirar hacia adentro, como en reposo hacia mi interior en esa pausa con que me gusta comenzar y acabar mi jornada; me sitúa en estado latente de oración: sin hacer esfuerzos, solo con dejarme llevar... Y en efecto hago oración. Que es la mejor forma que conozco de acabar e iniciar la jornada. Mas ¿se imaginan ustedes, estimados lectores, que intente hacer oración a base de escuchar música heavy? ¡Si ni siquiera cuando descanso la siesta me nace escuchar música pop, ni siquiera música pop suave, que en otros espacios o contextos me gusta! Para mí, la música para mis siestas es la música clásica. La gran música clásica.


Pero bueno, esperemos a ver qué nos dice en RNE por las tardes el cura heavy Vicente.


11 de septiembre, 2014: Luis Henríquez Lorenzo: profesor de humanidades, educador, escritor, bloguero, militante social.
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