martes, 1 de abril de 2014

"Directa al cielo"

Directa al cielo…

Frente a tanta mediocridad presente en las comunidades católicas de la Iglesia que peregrina por Europa, en las que se ha instalado la mentalidad antinatalista a lo bestia: ni los seglares que en lo profesional viven de la Iglesia predican con el ejemplo, y las autoridades eclesiásticas como mirando para otro lado, como si la cosa no fuera con ellas; o despreciando a ingenuos idealistas como servidor, que es lo que han hecho eclesiásticos hipócritas y mediocres de la talla de monseñor Cases Andreu, o el vicario Hipólito Cabrera, responsables, por activa y por pasiva, de la atmósfera de mediocridad y de mundanización-burocratización imperantes en la Diócesis de Canarias... Frente a tanta mediocridad instalada en las comunidades católicas en Europa, quería decir (el facilismo y la burocratización imperan a lo bestia ya) un testimonio excepcional como el de la joven norteamericana Elisabeth Joice...santidad, testimonio, Xristo 

Sepámoslo: se negó a recibir tratamiento contra un cáncer que padecía, por no dañar a la criatura que llevaba en su vientre. Y lo ha pagado con su vida, el pasado nueve de marzo de este corriente 2014, día en que falleció. De haber decidido recibir tratamiento médico contra ese mortal tumor no habría pecado, desde el punto de vista de la moral católica, incluso con el riesgo de dañar al bebé que llevaba en las entrañas, porque el suyo no habría sido un aborto directo; empero, ella prefirió dar la vida por la criatura que llevaba en su seno. 

Haciendo vida en ella las palabras del Maestro: "No hay mejor maestro que el que da la vida por los amigos...". Y en todo caso, qué distinta esa decisión de la joven Elisabeth Joice a todo el falso socialismo de políticas feministas como Elena Valenciano y resto de burócratas progres de la politiquería y demás familia.

Sin embargo, pese a testimonios como el citado, la Iglesia católica sigue enferma por mundanizada, nepotista, incoherente, autoritaria e hipócrita. Y yo, que soy "capaz" de hacerme eco de este tipo de noticias, según el parecer del obispo de mi diócesis de origen no merezco ni ser recibido, escuchado, valorado, tenido en cuenta... 

Yo, sí, que llevo 25 años cultivando, desde mi ser pecador, desde mi inevitable modestia, una espiritualidad de conversión o militante en fidelidad al Magisterio, la Tradición y el Evangelio, a través de diversas organizaciones pero especialmente a través del Movimiento Cultural Cristiano, el Instituto Emmanuel Mounier y Acción Cultural Cristiana; a mí, desde luego, que tengo cierta formación interdisciplinar (literatura, filosofía, arte, cine, historia del movimiento obrero, personalismo comunitario, filología, teología...); a mí, sin duda, que cuento con experiencia docente; a mí, pobrecillo ingenuo que apostó fuerte cuando ingresó en el Seminario Diocesano de Canarias, renunciando a un trabajo; a mí, idealista que sigue creyendo en la necesidad de fidelidad al Evangelio, la Tradición y el Magisterio en la creación de una familia cristiana militante: amor, fidelidad, apoyo mutuo, lealtad, compromiso solidario de la familia como iglesia doméstica, espiritualidad conyugal, apertura generosa a la vida, que significa aceptar que Dios pueda conceder no solo 2 hijos -que es lo que hoy día hace casi todo el mundo, conformarse, tecnoburócratas enchufados eclesiales incluidos-...   

Lógico, por lo demás, que suceda todo esto en la Iglesia: el Demonio ha entrado a saco en ella, a lo bestia, y por ende parece todo como manga por hombro, como un calcetín vuelto del revés, como un árbol con las hojas enterradas y las raíces al aire: nepotistas, burócratas, arribistas, mundanizantes, antinatalistas y demás familia ocupan casi todos los puestos eclesiales, mundanizando a tope la Iglesia. (Pero ya te llegará tu hora, monseñor Cases Andreu, tú tranquilo, hermano, y ya darás cuenta a Dios de todas tus movidas de antiprofético consentidor de eclesiales mediocridades, y de redomado hipócrita que eres, porque tú sabes o debes saber que a ti, que eres obispo, nada menos, Dios te exigirá más, por haberte dado, se entiende, más talentos, y mucha mayor responsabilidad eclesial).

De modo que testimonios santos como el de la joven madre Elisabeth Joice salvan a la Iglesia de su soporífera mediocridad. Y de paso me consuelan a mí mismo: ya he dicho hasta el hartazgo propio y de mis lectores que hipócritas de la talla del obispo Cases Andreu y del vicario Hipólito Cabrera (me consta, creo, que no pocos en la Diócesis piensan esto mismo de tales personajes, pero pasan de decirlo en público, se lo callan) han pasado miserablemente de mí, en tanto enchufan en la Diócesis a seglares que no le llegan a uno ni a la suela de los zapatos en formación humanística, sensibilidad, compromiso militante... Solo que si no fuese por lo que me han despreciado estos tan distinguidos sujetos, igual ni me ocupara de ellos: como suele repetir mi amigo A.P., "son tan mala gente, tan hipócrita, que uno siente a menudo la tentación de concluir con que no merece la pena ni perder el tiempo en ocuparse de ellos"... 

Solo que también, amigo A.P, estos eclesiásticos a menudo engañados por el Maligno, demoledores y mundanizantes de la doctrina católica, son hijos de Dios, y según el Evangelio debemos perdonar las ofensas, el mal que se nos hace, y rezar por los que nos quieren mal y nos persiguen... Está claro que son mediocres, hipócritas, que no promueven militancia cristiana y sí mentalidad funcionarial mundanizada, como buenos mundanizantes que son pero..., pero el perdón que nos pide Cristo Jesús... "Empresa" que a mí particularmente me cuesta sangre, sudor y lágrimas, pero que he de afrontar, porque Cristo, que es Dios, nos pide que lo hagamos, nos pide que perdonemos setenta veces siete... 

Setenta veces siete, sí, desde la conciencia de mi ser pecador que contribuye, con sus pecados, con su mal ejemplo de vida, a afear el rostro de la Iglesia; solo que también desde la sospecha (más que sospecha en verdad) de que ese rostro de la Esposa del Esposo lo afean especialmente los pastores que no ejercen de pastores... 

En fin: Dios es el OjO.

1 de abril, 2014. Luis Henríquez: profesor de humanidades, escritor, bloguero, militante social.
Publicar un comentario