viernes, 23 de enero de 2015

"Reflexiones 'cuniculares' (IV)"

Un último apunte reflexivo sobre este considerando cunicular, sobre esta cuestión disputada. Lo introduciré con una entrada que tomo prestada de las muchas que pone y empolla en su nido en Internet una cigüeña, La cigüeña de la torre. Mas en esta ocasión, tal ilustre cigüeña, de tan altos vuelos, se limita a colocar en su nido un huevo impropio, esto es, puesto por otra ave, forista para más señas, católico padre de familia muy numerosa: cursillista de cursillos de cristiandad, esposo devoto con catorce hijos. Dice así:



"Carta al Papa de uno al que le molestó lo de conejo", entrada de Fernández de la Cigoña aparecida ayer jueves 22 de enero del corriente 2015: 



Le conozco. Todo lo que dice es cierto. Una buenísima persona, católico convicto y confeso, de vida piadosa notable… Y le molestó lo del Papa.
Me he encontrado con su carta y la he reproducido. Sólo he eliminado su nombre porque no sé si quiere que aparezca. Si lo quisiera no tiene más que comunicar al Blog quién es.
Se ha molestado como bastantes otros. Y lo expresa. Se ve que no le han convencido los equilibrios de algunos explicando, una vez más, el verdadero sentido de sus palabras. Que se que ve que mucha gente normal no termina de captar. Yo no me doy por ofendido y no sólo por ser conejo de escasa efectividad, sólo tenemos cinco hijos, sino porque aunque algunos no lo crean soy de poco ofenderme. Me llaman lindezas en el Blog y ni las borro. Evidentemente me siento incluido con algunas palabras, no gratas, que Francisco dedica a los católicos pero personalmente no me doy por aludido. Ni recurro a aquello tan manido de no ofende quien quiere… Simplemente me extraño. Y puedo entender a aquellos con menos paciencia que reaccionan de otro modo.
Pero no iba a hablar de mí sino de una carta conejil que acabo de leer. Y que os reproduzco. Os advierto ya de entrada que es muy moderada. Pero sorprendida. Y también dolida.



Carta al Papa
Querido Papa Francisco: hace poco llamaste por teléfono a un miembro del Opus Dei diciendo campechanamente que le llamaba Francisco. Basándose en esa misma familiaridad con que quieres que te tratemos, me atrevo a escribirte con total sinceridad. Soy padre de familia numerosa, tengo 14 hijos y mi esposa es feliz con ellos; algunos la denominaron ya anteriormente una “coneja” y lo decían de forma despectiva, cosa que a ella y a mí nos importaba un pimiento, aunque nos hacía responder de forma bastante brillante que acallaba a nuestros interlocutores, incluso algunos podrían decir que respondíamos con mala educación, ya que los burgueses son muy sensibles. Puede ser que fueran palabras inspiradas por el Espíritu Santo, vete tú a saber. Soy Cursillista de Cristiandad y una vez otro hermano cursillista en un precioso pueblo  de Cataluña que se llama La Bajol nos dijo en tono de broma “¿Es que a vosotros no os gusta la tele?” Yo le respondí también de forma humorística: “Nos gusta, pero lo que no sabemos es si a ti te gusta tu mujer”. Se quedó un poco parado y silencioso y se fue a dormir. Cosas del directo. Ahora leo que en el avión de Manila a Roma has dicho que “para ser buen católico no hay que tener hijos como si fueran conejos”. Lo suscribo totalmente aunque opino que  a veces hablas demasiado. Ese es mi punto de vista libre de expresar, tanto como el tuyo cuando no hablas excátedra. Mis 14 hijos no son conejos, querido Papa: son personas. En primer lugar todos son católicos y aman al Papa, no a Francisco sino al Papa; uno es sacerdote, muchos son cursillistas, varios hablan inglés, muchos catalán, otros tienen diversas carreras, todos tienen muy buen humor, son grandes patriotas, hasta tengo un síndrome de Down (esos que dicen que son peligrosos para la madre y que es un cielo de tío) y hasta una funcionaria de la Generalitat, fíjate. Ni un solo conejo entre ellos. Mi mujer es guapísima y cuando tuvo el nº 14 estaba tan atractiva que en el hospital nos preguntaron si era el primero. ¡Francisco: te has pasado! Tu expresión “como conejos” suena muy mal y en mi casa nos ha hecho reír bastante, ya que mis hijos están muy acostumbrarlos a escucharla aunque del Papa no se lo esperaban. Se esperaban, y mi mujer, la gran sacrificada de todos estos años, también. Unas palabras de aliento, cuatro o cinco, le hubieran venido bien a la Iglesia y al mundo. Luego dirás que no querías decir eso. Pero lo has dicho. Cierro con un consejo de un padre de familia de 14 hijos que se dedica a la Oratoria: piensa antes de abrir la boca. El Kempìs dice que “aunque muchas veces te arrepentirás de haber hablado nunca te arrepentirás de haber callado”.


Y ahora una escrita por una joven madre de 39 años, cinco hijos, no cerrada a poder tener alguno que otro más:


Apreciado P.Jorge:


Permítame que me dirija a usted como desahogo. Soy católica y practicante desde niña y desde anoche además una coneja.
Tengo treinta y nueve años, casada desde hace quince y madre de cinco hijos. Desde que nos casamos supimos que queríamos estar abiertos a la vida como nos enseña la Iglesia, y hacerlo de una manera responsable. ¿Por qué cinco hijos y no ese número ideal de tres que ayer reivindicaba el santo padre? Mi marido y yo nos queremos de corazón y como fruto de nuestro amor fueron viniendo los peques. Los dos tenemos varios hermanos y no entendemos una familia sin niños.

La primera vino a los diez meses de la boda. El último tiene ocho meses. Estamos felices con nuestros hijos aunque no es la primera vez que me dicen lo de coneja. Pero una cosa es que te lo lance una amiga o algún vecino, y otra muy diferente que el propio papa lo pueda soltar como una gracia.
De novios y de casados hemos leído los dos tranquilamente la encíclica Humanae Vitae. Anoche, tristes por las palabras del papa Francisco, la hemos vuelto a repasar. Uno de sus párrafos afirma que “la paternidad responsable se pone en práctica ya sea con la deliberación ponderada y generosa de tener una familia numerosa ya sea con la decisión, tomada por graves motivos y en el respeto de la ley moral, de evitar un nuevo nacimiento durante algún tiempo o por tiempo indefinido".
Es lo que hemos intentado hacer. No considero que mi marido y yo seamos unos locos. Hemos deliberado y rezado mucho y los hijos han venido. Tampoco sabemos si vendrá alguno más. Nuestros hijos no pueden tener los caprichos y posibilidades de otros y necesitamos hacer cuentas para llegar a fin de mes, pero a ninguno le falta educación, colegio, atención médica y el cariño de sus padres y hermanos. También nos esforzamos en su educación católica, asisten a catequesis a la parroquia y cada domingo vamos juntos a misa.
Las palabras del papa en el avión hablando de conejos se me han clavado como un puñal tanto que anoche me acordaba de la Dolorosa y sus siete puñales en el corazón. Me he sentido despreciada, humillada, he sentido que el papa se reía de mí. Mi marido me dice que me tranquilice y que no me tome así las cosas, pero soy incapaz de ello.
Disculpe que le robe su tiempo. Pero desde hace meses vengo leyendo su blog y con alguien tenía que desahogarme. Haga con este correo lo que quiera. Publíquelo, tírelo a la papelera o ríase de esta coneja. Pero tenía que soltarlo.
Rece por nosotros. Con todo afecto,



Ahí quedan ambos textos, santo padre Francisco. Sobre los cuales solo he efectuado una corrección: escribir con letras cursivas, en el texto de la joven madre de 39 años y con 5 hijos, el título de la emblemática y profética encíclica Humanae Vitae del papa Pablo VI, a quien usted ha beatificado. (Como en otras ocasiones he referido, prefiero tratar de respetar los textos tal cual aparecen publicados en bitácoras de Internet, en la medida de lo posible).
idem supra

Yo también soy de los que creen que su comparación no fue muy afortunada: quien tiene boca se equivoca, y como usted la usa mucho para hablar... Y como usted resulta que no es el anónimo del piso 5F sino el Papa... Aunque ciertamente yo estoy seguro de que usted no piensa que las mujeres católicas madres de familias numerosas no sean una bendición de Dios para la sociedad y para la Iglesia. Y Dios recompensará tal generosidad. Pero desde luego, papa Francisco, testimonios de apertura generosa a la vida como los dos que reproduzco en la presente reflexión mía, en la Iglesia católica que peregrina por España se cuentan con los dedos de una mano y sobran dedos: como que la mentalidad antivida, neoburguesa, de índole masónica, se he incrustado en la conciencia del católico de a pie. Vamos, la intromisión en la Iglesia del humo de Satanás de que se lamentara, proféticamente, en el año 1972, el beato Pablo VI.

Y ya sabe usted, santo padre Francisco, por la carta que le he escrito y que le he enviado, cómo me he sentido de despreciado y humillado por las autoridades católicas a las que he venido pidiendo comprensión, ayuda, aliento, consideración... Especialmente las canariensis. Reparo en los dos testimonios reproducidos de generosa apertura a la vida desde la paternidad responsable o consciente, los comparo con lo que veo imperante en la Diócesis de Canarias, y asimismo vuelvo a tomar conciencia del rechazo, el ninguneo y el desprecio del que creo haber sido víctima, ¿y qué quieres que te diga, santo padre Francisco? ¡La Iglesia está mundanizada-endemoniada, plagada de herejes y de apóstatas! Porque si no es llegando a esta conclusión no puedo lograr entender, papa Francisco, tantas cosas que suceden en esta Iglesia de la que sí creo que tú eres el Papa,a diferencia de un reducido o no tan reducido grupo de católicos que sostiene que no lo eres.


24 de enero, 2015. Luis Henríquez Lorenzo: profesor de humanidades, educador, escritor, bloguero, militante social.


Publicar un comentario