domingo, 30 de diciembre de 2012

"De progres y de regres (en la Iglesia católica)"


De progres y de regres (en la Iglesia católica)”



Preliminares


Ahora que quiero ocuparme de arriesgar mi propia versión del incidente pródigo en exabruptos que, contra el bloguero católico Luis Fernando Pérez Bustamante (director de la web Infocatólica), ha protagonizado el dúo de EsRadio conformado por Federico Jiménez Losantos (periodista, escritor brillante, comunicador de característico estilo “agresivo, quevedesco”, liberal agnóstico) y por César Vidal (historiador, novelista, periodista, pensador-investigador cristiano, liberal protestante), me acuerdo del genio cinematográfico de Elia Kazan. Para tratar de ilustrar con la opinión que tengo del cine y de la personalidad del magistral director de clásicos como Al este del edén, Esplendor en la hierba, América, América, Un tranvía llamado deseo, La ley del silencio, ¡Viva Zapata!, o Baby Doll, lo que pienso del incidente ocurrido entre los señores que he citado, y aun lo que me permito pensar de cada uno de los tres.



Sin Elia Kazan, el sistema del Actors Studio no habría sido lo que ha sido y es para la historia del cine, sobre todo en Occidente; de hecho, el director de origen griego pero nacido en Turquía y emigrante muy joven a los Estados Unidos (precisamente el drama de la emigración queda magistralmente reflejado en su muy celebrada América, América, película del año 1963), funda el Actors Studio en el año 1947, sobre la base interpretativa teórica del ruso Konstantin Stanislavski. Sin Elia Kazan, Marlon Brando muy probablemente sería estimado de otra manera: el maestro griego lo encumbró en títulos hoy míticos como Un tranvía llamado deseo, ¡Viva Zapata!, La ley del silencio.


Y sin embargo Elia Kazan (actor, director de teatro reconocido, director de cine internacionalmente aclamado, y finalmente escritor no poco meritorio, todo ello a lo largo de casi 94 años de vida) es también el delator de compañeros cineastas ante el comité de actividades antiamericanas durante la “caza de brujas” emprendida por McCarthy. Ese “irse de la lengua” ensombrece la altura moral de su vida, o puede que lo haga, pero no empaña la genialidad de su cine. Muy al contrario: luego de haber perpetrado esa delación o traición a algunos que habían sido compañeros e íntimos suyos en el mundo del cine en Hollywood, Kazan defiende su actuación con una obra maestra incontestable: La ley del silencio, ambientada en las luchas portuarias de los muelles de Nueva York.


Pues bien, aquí es adonde yo quería llegar, o todo este preámbulo para arribar a esta obviedad, a este lugar común: al igual que el genial cineasta Elia Kazan protagonizó uno de los peores episodios de su vida con su rol o papel de delator de sus compañeros del mundillo del cine, durante la caza de brujas decretada en USA por el senador McCarthy, el muy culto y bien informado Federico Jiménez Losantos y el también muy culto y bien informado César Vidal han metido la gamba hasta el fondo por haber insultado, y de qué malos modos, tan barriobajeros, al director de Infocatólica. Han disparado contra Luis Fernando Pérez con balas del calibre de “hijo de puta”, “gandul”, “irredento aprovechado y desagradecido”, y han referido que la mujer de Luis Fernando, con la que este tiene tres hijos, es una “alcohólica”.


Ya no escucho EsRadio ni leo a César Vidal; con todo, cuando me ha interesado leerlos y escucharlos, lo he hecho sin ningún problema, sin ningún prejuicio “progre”. Porque la verdad es la verdad, la diga Agamenón o su porquero, es decir, suele estar más allá de siglas, de nomenclaturas, de izquierdismos y derechismos. O lo que es lo mismo: los múltiples y a menudo equívocos “rostros” de la verdad se encuentran dispersos, diseminados aquí y allá.


De la misma manera que no me he hecho un mal concepto del veterano político de izquierdas Pablo Castellano, por causa de su participación frecuente en un programa como El gato al agua, de la muy de derechas Intereconomía. Y lo mismo con respecto al agraviado Luis Fernando Pérez: su labor al frente de Infocatólica no tiene reparos en estimarla un teólogo tan bien formado e informado como Xabier Pikaza, que empero en no pocas posiciones teológicas y eclesiológicas está muy distante de las posiciones de Luis Fernando Pérez... y de las mías también, si bien yo no me considero tan “antiprogresista” como Luis Fernando Pérez Bustamante, en absoluto (ahí está, para botón de muestra, mi participación, en los últimos años, en Atrio, con mi nombre o con seudónimos, con más de 200 intervenciones en forma de comentarios como forista), ni como otros tantos de esa web llamada Infocatólica, por muy benemérita que esta sea -particular que no dudo-, por la principal razón de que a menudo esos tales defienden tesis tan conservadoras, tan de derechas, que resulta muy arduo, al menos para mí, discernir esas razones políticas y económicas derechosas de lo propiamente doctrinal católico. Y porque, tal vez como consecuencia inevitable de lo anterior, hay una clara tendencia a machacar todo lo que provenga del pensamiento tradicionalmente ligado a las izquierdas, en nombre de defender siempre a la Iglesia católica, la cual ha de ser defendida, ciertamente, pero también puesta en solfa en todo lo que tiene de incoherente con respecto al Evangelio; en todo lo que alberga de hipócrita, de mezquino, de marrullero.


De manera que así las cosas, subo a mi blog un artículo que escribí hace algunos meses y que aparecerá, creo, en el número de este año de la revista La Cantonera, órgano de expresión de la Tertulia Pedro Marcelino Quintana, de Arucas, Gran Canaria.



Meollo del artículo


Con su sapiencia teológica habitual, desconcertante en una persona de formación intelectual preferentemente autodidacta, y su celo doctrinal característico, diríase que singular (”El celo de tu casa me devora”, podría repetir Luis Fernando Pérez Bustamante con Juan 2,17b), el bloguero y director de Infocatólica alinea a la conocida religiosa y teóloga Dolores Aleixandre, rscj, en la línea del progresismo católico. Lo hace en su artículo “El sueño circular y la primavera creativa y alegre”(web citada: 22-3-2012). Para el veterano bloguero Luis Fernando (veterano a pesar de su juventud) y, en general, para todos los blogueros de Infocatólica, el progresismo católico es la causa principal de la secularización interna de la Iglesia católica.


Por mi parte, sin negar la oportunidad y todo el acierto de no pocas de sus opiniones -a decir verdad, no con todo lo que plantea Luis Fernando comulgo, tampoco con aspectos de su tono expositivo, ni con todo lo que se dice en Infocatólica, página benemérita, muy probablemente, pero también muy golosa para fieles católicos muy conservadores-, me permitiré aventurar algunas consideraciones, al calor o a la luz del artículo de marras. No sin antes celebrar en voz alta y por escrito, la “grandeza” de Internet que permite consultar artículos publicados hace meses y aun años, y ulteriormente almacenados en la “memoria” prácticamente ilimitada del espacio de la llamada red de redes. Esto mismo es también una responsabilidad considerable, muy delicada, pues la palabra lanzada al espacio de Internet, en cuestión de segundos puede llegar a los más recónditos rincones del planeta y, sobre todo, quedar fijada. Y la palabra así fijada compromete a quien la dice.


Así que veamos. En lo tocante al asunto de la secularización interna de la Iglesia católica, es obvio que importa la manera como el Magisterio haya de tratar los casos de heterodoxia, presunta, posible o real, de religiosas como Dolores Aleixandre, o como Periquilla de los Palotes, lo mismo diera para lo que interesa al Magisterio: el cumplimiento de su ministerio de confirmar en la fe a los cristianos (cfr. Mt 16,18-19; Jn 21,15-19). Sin embargo, me temo que el grueso de las ideas disidentes o heterodoxas circulan más fluidamente hacia el interior de la Iglesia universal por la mentalidad heterodoxa, seudocatólica, antimilitante y burocrática de miles y miles de fieles que no son precisamente Dolores Aleixandre, cuya sapiencia teológica y cuya altura de fe no voy a discutir, a poner en duda, a pesar de su más que probable heterodoxia doctrinal y su vinculación con el ala progre de la Iglesia; ala escorada a la izquierda con la que, al contrario de lo que le pasa a Luis Fernando Pérez y a tantos que escriben y opinan en un portal como Infocatólica que él dirige -y no digamos en La cigüeña de la torre, de Francisco José Fernández de la Cigoña, o en Religión en libertad-, un servidor no se siente tan lejano ni crispado y sí a veces bien, o al menos interpelado. Aunque no siempre, cierto: no me considero propiamente un católico progresista; e incluso, cómo no declararlo, tengo sobrados motivos para también descreer del común del ideario progre, de la cual distancia o descreencia haré una breve crónica al final de este escrito, dentro de la sección “Postdata”.



No sé si por falta de rigor teológico por mi parte, o de celo doctrinal o por lo que sea, el caso es que no voy a poner en solfa los talentos como teóloga de Dolores Aleixandre, como biblista, ni su valía como religiosa del Sagrado Corazón. Que lo hagan otros si así lo estiman conveniente, desde sus blogs o desde los púlpitos que sean. Yo paso. Porque ¿y si resulta que Dolores Aleixandre es una buena mujer, una buena creyente con la que hasta gusto da discrepar? He leído cosas de ella que me han gustado, que me han interesado, que me han parecido muy auténticas, muy evangélicas. Hasta la propia entrevista que le hace José Manuel Vidal en Religión Digital, portal que este último dirige, conjuntamente con Jesús Bastante (portal moderadamente progresista, y por tanto mal visto por los más conservadores Infocatólica y compañía), no me escandalizó cuando la leí, en modo alguno, como sí parece que lo hizo con el ánimo del bueno de Luis Fernando.


Y sobre todo no lo haré porque la falta de verdadero testimonio de fe de tantos católicos tibios -no pocos de ellos ocupantes de altos cargos de responsabilidad eclesial: sanidad, docencia, asuntos sociales...- es realmente acojonante hoy día, y paraliza más la vida de la Iglesia, y sobre todo la fuerza expansiva y operante de la fe, que la vida, obra y milagros de Dolores Aleixandre. La falta de talante profético y de compromiso militante no solo está presente en la vida de quien estas líneas escribe, también lo está en la de muchos regres (conservadores) que a su vez critican a los progres -y viceversa-. Es más, sin embargo: tradicionalmente, todo hay que decirlo, ha estado más ausente, ese talante profético, en la experiencia de fe de los católicos más conservadores (acostumbrados a rezar y no hacer: espiritualismo desencarnado), al tiempo que ha estado claramente más presente en la experiencia de fe de no pocos católicos considerados o autoconsiderados progres, una de cuyas tentaciones principales ha sido la de hacer (obras, acciones, activismo, compromiso) y no rezar.


De modo que la religiosa Dolores Aleixandre, pese a que para Luis Fernando Pérez es miembro propincuo del progresismo eclesial, puede que no sea precisamente una cristiana tibia, mediocre, y sí más bien una entusiasta discípula del Resucitado, religiosa profesa desde los 20 años (frisa los setenta la religiosa y reputada biblista). Como también puede que lo sea el jesuita Juan Masiá Clavel (un cristiano entusiasta), a pesar de su más que demostrada heterodoxia doctrinal empeñada en enmendarle la plana al Magisterio. No en balde, entre las filas de los llamados o autoproclamados católicos progres yo mismo creo haberme encontrado a lo largo de mi vida con personas excepcionales, con buenos creyentes; todo ello, indudablemente, más allá de considerar que en efecto en los tiempos que corren los movimientos más pujantes en la Iglesia católica son los de corte más conservador (Opus Dei, Legionarios de Cristo, Camino Neocatecumenal...; si bien quizá más florecientes con el filósofo Juan Pablo II que con el teólogo Benedicto XVI), y no en modo alguno los considerados más progresistas (HOAC, cristianos de base, etcétera).


No pocas “autoridades” de la Iglesia universal (laicos con delicada responsabilidad en el gobierno o administración de la Iglesia, religiosos, religiosas, una nada desdeñable cantidad de curas, e incluso obispos), de forma harto visible en las últimas décadas han ido enterrando la espiritualidad militante en beneficio de la promoción de fieles de mentalidad burocrática. Y no me parece que se haya hecho un verdadero esfuerzo por evitar que las cosas acabaran por llegar adonde han llegado en la Iglesia universal. Verbigracia, la Iglesia católica está llena de feministas radicales que, no sé si a ejemplo de lo que también sostendría en alguna medida alguien como Dolores Aleixandre (alguien como ese enfant terrible de la teología en España llamado Juan José Tamayo, aseguran muchos que arriano, ya conocemos que sí sostiene las tesis del feminismo radical, y por supuesto todas y cada una de las cristianas feministas y heterodoxas que opinan en un portal como Atrio, en el que no sé cuántas veces a mí mismo me han linchado por mi osadía de alinearme con el Magisterio...), a menudo con declaraciones disidentes y sobre todo con el testimonio de sus vidas desautorizan a la Iglesia, a su Magisterio. Y ahí siguen, no pocas incluso ganándose la vida gracias a la Iglesia católica, cuya mano muerden, un día sí y otro también. 


Alucinante la cosa. De modo que ante esta realidad eclesial uno no tiene otra que preguntarse si son así en efecto las cosas en la Iglesia actual tal vez por el magisterio paralelo de alguien como Dolores Aleixandre, como Andrés Torres Queiruga, o como cualesquiera otros teólogos considerados heterodoxos y disidentes, o por la desidia más bien de no pocas autoridades eclesiales, que les ríen las gracias a los considerados heterodoxos, que miran para otro lado, que hacen la vista gorda, so pretexto, a menudo, de una curiosa forma de entender la economía de la salvación, en claves de relativizarlo todo para que así, inclusivamente, quepan todos y todas en la Iglesia católica: todos tan amigos y chachipiruli todo.


La mediocridad de la vida de fe está ampliamente extendida en el seno de la Iglesia católica actual, hasta niveles o límites esperpénticos -también, ni que reconocerlo habría, en mi vida de cristiano mediocre-, a mi juicio en parte por causa de esa secularización interna, sí, como bien apunta Luis Fernando en su artículo, pero también por causa de haber ido bajando el listón del ideal de la vida de fe: la espiritualidad de encarnación ha ido siendo sustituida por las componendas propias de la administración burocrática de la Iglesia. La mentalidad antimilitante, mundana por secularista, meramente funcionarial, antinatalista o anticoncepcionista (fruto del feminismo radical o de género, y de la acrítica adaptación al espíritu del mundo que acaba por volver sosa la sal del Evangelio: cfr. Mt 5,13-16; Lc 14,34) campa a sus anchas en la Iglesia de Cristo. Hasta unos niveles sencillamente acongojantes, o vergonzantes, patéticos, por no decir miserables. Como que es un secreto a voces que la inmensa mayoría del Pueblo de Dios pasa del Magisterio de la Iglesia, sobre todo en materia de moral sexual y de anticoncepción; también, la inmensa mayoría de los que se empeñan como profesores de Teología en facultades católicas, como educadores de la escuela católica, como docentes de Religión católica en la escuela pública, como técnicos de Cáritas y otras movidas asistenciales (manda huevos la cosa: se ganan los garbanzos siendo existencial y sistemáticamente contrarios a aspectos nucleares de la doctrina del Magisterio)... 


Clama al cielo, simple y llanamente, la incoherencia de vida de la inmensa mayoría de fieles católicos hoy día -ya he reconocido que incluida la de quien estas líneas escribe, con la diferencia de que al menos yo no soy un enchufado por la Iglesia y sí más bien un inmisericordemente puteado-ninguneado- y la ulterior o consecuente hipocresía eclesiástica que tolera esta situación como si nada delicadamente grave estuviera ocurriendo. Y mientras tanto, no pocos eclesiásticos (curas y hasta obispos: de entre estos últimos, los hay que son unos simples figurones, trepas e hipócritas de campeonato, intelectualmente mediocres...) como justificándolo todo, mirando para otro lado... 


De modo que así las cosas, ¿quién le pone el cascabel al gato? O lo que viene a ser lo mismo: ¿para qué tratar de ser fiel al Magisterio de la Iglesia si resulta que hasta la inmensa mayoría de los que viven en lo profesional gracias a la Iglesia, pasan de su Magisterio...?

Y claro, ante tamaña falta de testimonios entusiasmantes de vida cristiana, la gente está cansada, asqueada, decepcionada: ¿yo?, se preguntarán muchos, ¿yo iba a ponerle el cascabel al gato, con lo tranquilito que estoy en mi casa? “Ahora me dejen tranquilo, ahora se acostumbren sin mí” -se apresurarían a repetir con Pablo Neruda-. Como yo mismo estoy tranquilito en la mía, con mis libros, mi cine y mi música: Georges Moustaki me sigue gustando, ahora más que antes, tal vez más luego de haber comunicado el cantautor francés de origen griego-alejandrino, hace cosa de un año, que su voz enferma ya no le permitirá cantar más; o ahora que aprehendo la “singularidad” de la música de Stevie Wonder: sus complejas armonías y su costumbre de usar una misma sílaba para varias notas... Incluso considerando que al final de la vida Dios nos juzgará en el amor (“Porque tuve hambre y me diste de comer, tuve sed y me diste de beber”-...-: Mt 25,34-46), preferimos que nos dejen tranquilos en nuestro mundo, en nuestra burbuja. Y más si se nos ocurre contemplar el escenario de decadente incoherencia e hipocresía eclesiales. Y más si creemos caer en la cuenta de que no pocos eclesiásticos que predican a Jesucristo muerto y resucitado son unos redomados hipócritas. Y más cuando sentimos la angustia y lo inexplicable del dolor, la enfermedad, la injusticia y las tragedias, ese misterio de iniquidad que está en la génesis o raíz del ateísmo de siempre... O quizá sea por lo que reconoce ese singular exobispo episcopaliano y hoy día claramente postcristiano llamado Richard Holloway: “La cuestión está en que hoy día la mayoría de la gente ya no cree ni en los grandes discursos metafísicos del pasado, ni en los grandes relatos otorgadores de sentido (macrorrelatos: cristianismo, socialismos, anarquismo...), ni en condenaciones eternas, ni en mandamientos inmutables dados por Dios o en nombre de Dios”.

A mi juicio, es tan patética y lamentable la realidad de desfondamiento moral de la Iglesia católica actual en España, la falta de testimonios entusiasmantes de vida cristiana, la falta de familias realmente cristianas militantes -realidad que igual la propia Dolores Aleixandre lamenta en similares términos a los míos, no lo sé ni es algo que me quite el sueño no conocer, en los tiempos que corren-, que caben pocos consuelos. Es como si un penetrante olor a podredumbre saliese de las mismísimas iglesias y movidas católicas en general... O es como si la mayoría de la gente percibiese que la Iglesia católica, esto es, la barca de Pedro, es una embarcación que va a la deriva, que se va a pique, a pesar del buen timonel que tiene (Benedicto XVI, obviamente, a él me refiero)...


Sí: que caben pocos consuelos aunque cada hijo o hija de vecino, indefectiblemente haya de buscar el suyo... Uno posible, el sentirse vivo y amado por Dios, pese a todo, por el Dios de la vida, la justicia y la verdad (pues nada ni nadie podrá apartarnos del amor de Dios, parafraseando a san Pablo). Otro, el considerar que “total, tampoco en España estamos tan mal”, pese a la crisis que no cesa, los recortes, los despidos, el paro (sobre 3.600 interinos más se vaticina que saldrán despedidos de la función pública en Canarias, por causa de los recortes en educación, sanidad y asuntos sociales del muy neoliberal Partido Popular, durante el presente curso 2012/2013), pues ni siquiera somos cristianos perseguidos, como sí lo son en otras partes del mundo en que los cristianos son minoría: cada cinco minutos, muere un cristiano en el mundo, por dar testimonio de su fe; con cristianos así, sí sería posible esa suerte de martirologio ecuménico de que habla el papa Juan Pablo II en Ut Unun Sint, sobre el diálogo de la Iglesia católica con las otras Iglesias y confesiones cristianas.


O a la hora de la verdad, por el consuelo que cada hijo de vecino desee para sí y para los suyos; tres de los últimos míos no son otros que la lectura y relectura de nuestros clásicos literarios hispanos, la inmersión en la filosofía de B. Spinoza, y la visión fascinante del cine del ruso Andréi Tarkovski, que es maravilloso: muy raramente se puede experimentar con otros cineastas la impresión de tiempo detenido que se experimenta con la visión del cine del ruso Tarkovski. Cineasta profundamente creyente, por cierto, cristiano.

Postdata:

Lo prometido es deuda... En portales progres como Redes Cristianas, he llegado a leer encendidas o jubilosas reseñas de libros, así una sobre uno reciente de un sacerdote católico secularizado llamado José Miguel Izquierdo Jorge. Es tinerfeño. Su libro se titula Y la Iglesia se topó conmigo (autobiografía de un cura insumiso y rebelde). El nivel de sinceridad y transparencia de José Miguel al confesar en su libro aspectos muy íntimos de su vida biografiada, digno de todo encomio; chapó, paisano: no me parecen frecuentes en la Iglesia católica testimonios tan valientes como el tuyo, sobre todo cuando de lo que se trata es de asumir la verdad y la libertad (las luces y las sombras en verdad) de la propia sexualidad asumida. Ya sabía de este autor por una entrevista que casualmente alcancé a escuchar en un programa de la Cadena Ser en Canarias, recuerdo perfectamente que unos días antes de viajar yo a Tenerife para participar en la Feria del Libro de Santa Cruz del aún corriente 2012, donde tuve oportunidad de conocer a un tipo singular y que al menos conmigo ha sido muy generoso: estoy hablando de Ánghel Morales, escritor, activista social, locutor de radio (me entrevistó, a propósito de mi último libro, en la emisora en que trabaja en Santa Cruz: casi una hora de distendida entrevista, en una tarde calurosísima de verano, cosa por lo demás normal en la capital tinerfeña, que es un horno: “Ay mi panza de burro”, dicho sin insularismos pleitistas), nacionalista canario, editor de Ediciones Idea-Aguere. Fuera de programa escuché a José Miguel Izquierdo Jorge (la presentación de su libro no llegó a figurar en el programa confeccionado con los actos de la Feria), y le compré un ejemplar de su obra -que él me firmó-. Mientras que él, por razones que él sabrá, ni se quedó a escuchar mi intervención, inmediatamente después de la suya -y que sí aparecía en el programa de actos de la Feria del Libro de Santa Cruz-, ni hizo con mi libro (¿La Iglesia católica? Sí; algunas consideraciones, por favor: Madrid, Vitruvio y Nostrum, noviembre, 2011) lo mismo que yo había hecho con un ejemplar de su obra...


El caso es que su libro me lo he leído. Y me ha gustado bastante y, casi siempre, más bien más que menos. Luego de leerlo, el libro, y habiéndolo escuchado, al autor, en varias ocasiones, puedo afirmar sin embargo, con plena libertad, que José Miguel Izquierdo Jorge -igual una bellísima persona, ignoro este particular- es en no poca medida el clásico cura progre secularizado que echa en cara a la Iglesia católica su doctrina moral sobre sexualidad. Lo típico: la Iglesia católica está desfasada, debería aceptar el aborto, el divorcio, las relaciones homosexuales, la sexualidad libre, la anticoncepción... Y que es justamente el ideario progre por el que ha tenido cancha en Redes Cristianas, en la Cadena Ser, en RNE en Canarias, en la Autonómica Canaria... En tanto a mí me han dado una patada en el culo, precisamente por no ser progre, o lo suficientemente progre; también, los medios regres o conservadores a los que di insistentemente noticia de la publicación de mi último libro. Simplemente pasaron de mí. Unos y otros: los progres, ya conocemos por qué; los regres, acaso por considerar que mi libro ponía a parir a la Iglesia católica, etcétera.


A decir verdad, de mí y de mi libro han pasado casi todos por igual en la Iglesia católica: progres, regres y oficialistas: Centro Loyola de Las Palmas de Gran Canaria, Patio de las Culturas, Radio Ecca (todas plataformas muy jesuíticas, miren por dónde, pero muy poco ignacianas, me parece a mí, y muy poco en sintonía con el pensamiento del Papa: algunos jesuitas que conozco, santo padre Benedicto, y resto de fieles satélites o adláteres de la órbita jesuítica, sencillamente es que pasan de lo que tú enseñas, santo padre, siervo de los siervos de Dios, pasan, más solo que la una tú a menudo, aunque asistido por el Espíritu...)... 


Por no hablar de una entidad como Café de Espacio, que es ya claramente ultraprogre rabiosamente anticlerical y anticristiana incluso: desde esta me contestaron en su momento que dado que me sigo considerando católico deseoso de fidelidad al Magisterio, no puedo contar con un espacio como el susodicho para presentar mis libros, dado que es espacio o plataforma sociocultural de ideario laicista a tope y dado que defiende el derecho de la mujer a abortar, derecho que el Magisterio rechaza, etcétera.

Eso sí: a otros personajes más mediáticos que yo y que hablan en nombre de la Iglesia católica, pues viven de esta, en lo profesional, sí les permiten vía libre en foros como el citado Café de Espacio; a mí, que en todo caso hablo a título personal, en modo alguno oficialmente en nombre de la Iglesia universal, me dan con un palmo en las narices. Por ende, extraigan ustedes sus propias conclusiones; las mías, hace tiempo que...

Desde luego, habiendo sido tan despectivos conmigo y con mi libro tales plataformas culturales antedichas (muy jesuíticas y tales y cuales ellas, muy progresistas, pero para mí que muy poco en sintonía con el Magisterio...), cómo no agradecer a todos los muy diversos colectivos socioculturales y a todas las personas que sí me han mostrado alguna clase de interés y apoyo a la hora de la difusión de mi reciente libro sobre la Iglesia católica; o mejor, sobre algunas de mis experiencias con la Iglesia católica. Aun a riesgo de poder olvidarme de alguien -disculpas por adelantado, por si tal ocurriera...-, no puedo menos que agradecer el trato que me han dispensado, digo hasta la fecha en que redacto estas líneas, la gente de la Tertulia Pedro Marcelino Quintana, el amigo Alejandro en su blog Kaoshispano, el Club de Prensa Canaria, el ya citado Ánghel Morales, la Casa-Museo Tomás Morales de Moya (sobre todo en la persona de su responsable, Mª Luisa Alonso), Marcelo Betancor y su asociación Acadehu, los responsables de la Feria del Libro organizada por el Gobierno de Canarias (tanto en Santa Cruz como den Las Palmas de Gran Canaria), la Casa-Museo Colón de Las Palmas de Gran Canaria, el músico Blas Sánchez y su equipo de entusiastas seguidores en Ingenio, el Círculo Cultural de Telde, la periodista Dulce Mª Facundo (de ABC Punto Radio Radio Las Palmas), David Hachuel y su equipo de colaboradores del veterano programa radiofónico Antena Abierta, el Real Club Victoria, y finalmente la Consejalía de Cultura y Festejos del Ayuntamiento de Firgas. No se me esconde que el haber recibido al menos una mínima muestra de interés y apoyo por parte de todas las instituciones y particulares antedichos, en modo alguno significa que comulgan o hayan de comulgar con las tesis de mi ensayo. Solo que conmigo han puesto en práctica aquello tan caro del gran Voltaire: “Estoy dispuesto a pagar con mi propia vida el derecho que asiste a los demás a expresar sus particulares ideas, aunque yo mismo no las comparta en absoluto”. 

Teniendo muy en cuenta el tenor de este pensamiento del genio de Voltaire, se comprende fácilmente hasta dónde llega la incoherencia y la hipocresía de las plataformas eminentemente jesuíticas que simplemente han pasado de mí y de la causa de mi libro de marras.

De modo que siendo así las cosas, ustedes comprenderán por qué prefiero gozar del buen cine antes que prestarles atención a progres y regres y oficialistas que sistemáticamente y a menudo tan hipócritamente pasan de mí. O por qué prefiero seguir escuchando, ya por quinta o sexta vez -he debido perder la cuenta- la canción “Woodstock” de Crosby, Stills, Nash & Young -al tiempo que otras de la mejor banda folk de las armonías vocales como “Dear Mr. Fantasy”, “Our House”, “Suite: Judy Blue Eyes”, “Helplessly Hoping”, “Teach Your Children”, “Wasted on the Way...-. O por qué prefiero ilusionarme con visionar, en apenas unos minutos, una estupenda película de factura un tanto indie titulada Once (una vez), estrenada en el año 2006 y enseguida premiada con importantes premios cinematográficos. O por qué prefiero el placer de escuchar a ese erudito canario del cine que se llama Luis Miranda y también a algunos cinéfilos no menos eruditos del grupo Vértigo ... O por qué me ilusiona mirar los ojos de algunas de mis compañeras del grupito de teatro aficionado con el que voy perdiendo mis aún altas dosis de miedo escénico... (Y luego se seguirán quejando de que la gente ya no vaya a misa, de que la gente ya no crea... Cuando lo realmente raro o increíble, el auténtico milagro, es que siendo las cosas como son o están, aún haya gente que crea y que siga yendo a misa...)

Un teólogo progre español -acaso el más destacado o dotado de entre todos ellos y ellas-, tuvo a bien dar una breve noticia de mi humilde persona en su blog. Lo cual le agradezco inmensamente: gracias, hermano mayor en la fe, por tu buen gesto: sabes tan bien como yo, o acaso mejor, que nada de lo que se hace por amor desaparece del corazón inmensamente misericordioso de Dios. Pero Xabier Pikaza, que es como se llama el susodicho, ulteriormente guardó silencio luego de enviarle yo firmado un ejemplar de mi ensayo, en contra de lo que él mismo me había prometido. (Desde luego, a autores como el muy heterodoxo Juan José Tamayo, calificado hace años como arriano por la Comisión para la Doctrina de la Fe de la Conferencia Episcopal Española, quien se está poniendo las botas o haciendo de oro, por toda España y allende los mares con conferencias, artículos en periódicos y libros defensores de la Teología de la Liberación -o no, igual es un alma bella, un hombre muy solidario con los pobres, etcétera-, sí que le hace publicidad en su blog el señor Pikaza...) ¿Por qué? Casi siempre hube de pensar que tomó esa resolución por causa de la pésima calidad de mi libro. En la actualidad, no pienso así: mi libro es obvio que no es ninguna obra maestra, es notoriamente mejorable -y lo será, gracias a Dios y a mi paciencia de orfebre juanramoniana-, pero al menos sí que pone al descubierto muchas componendas y maquinaciones que la progresía católica -que Luis Fernando Pérez llamaría sin dudarlo seudocatólica o paraeclesial o hasta herética; yo no, yo no dejo de estimarlos pese a muchas cosillas, y que empero en general, salvo honrosas excepciones, a veces es muy sectaria, al menos conmigo, y está en horas bajas además, acorralada que se siente en la propia Iglesia católica, etcétera- no va a consentir tan fácilmente que se vengan abajo o queden al descubierto.
De modo que como reconoce la propia experiencia de la vida, aquí casi nadie hace nada por nadie...Vivimos en una selva en la que el lema es “sálvese el que pueda”. Y por desgracia la Iglesia católica, que debería ser un privilegiado ámbito de libertad, fraternidad, acogida del otro, afecto, igualdad y confianza -y que empero es aún así y más en no pocas de sus manifestaciones, gracias a Dios-, con excesiva frecuencia reproduce lo peor del mundo.

LUIS ALBERTO HENRÍQUEZ LORENZO (profesor de Secundaria, militante cristiano, escritor). Octubre, 2012, Islas Canarias.


Broche final: como postre, una de las versiones clásicas de “Supper's Ready”, de Genesis, para mi gusto sin duda una de las cinco piezas más selectas de todo el rock sinfónico, del rock sinfónico de todos los tiempos. Conozco una versión del tema, nada desdeñable, del que fuera guitarra solista de la banda, Steve Hackett, incluida en su disco doble Genesis Revisited II (2012, recién salido del horno). La que yo facilito como postre, para mejor hacer la digestión tras la lectura de mi artículo, es con el quinteto clásico de la banda británica: Peter Gabriel, Phil Collins, Tony Banks, Mike Rutherford, Steve Hackett.

Que la disfruten.


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