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jueves, 6 de octubre de 2016

"Un apunte sobre el progresismo y el integrismo en la Iglesia"

A propósito de Juan José Tamayo y de José Arregui, invitados a conferenciar en Madrid, no queda del todo claro en qué lugar de la capital de España, aunque algunas fuentes nos informan de que será en la parroquia de san Antón, llevada por el omnipresente e incombustible P. Ángel García, de Mensajeros de la Paz, ultracarismático activista social, hombre solidario, sin duda, comunicativo, vitalista ya a las puertas de sus 80 años, pero sacerdote católico no poco "atípico" … Image result for george brassens
 
 
A mi juicio, los progresistas son aún más demoledores y destructivos eclesiales que los integristas, ni comparación: los modernistas o progresistas atacan la doctrina de la fe, dinamitan la Iglesia desde dentro, la pretenden mundanizar a tope, meten tijera, como nuevos Luteros empeñados en que el mundo juzgue a la Iglesia y le marque a esta su agenda, en tanto el gran heresiarca Martín Lutero pretendió que la Sagrada Escritura (su principio de sola scriptura: sola fides, sola gratia, sola scriptura) juzgara a la Iglesia.Image result for george brassens


Aunque tampoco me gusta nada el fanatismo de los integristas -para mí fanatismo; igual el equivocado soy yo, para ellos aludidos, sin duda lo debo ser-, tan cegados y obtusos y absurdos filosóficos que sostienen que todos los males de la sociedad y de la Iglesia proceden del Concilio Vaticano II, al que la mayoría de ellos llaman, en el colmo del sectarismo y la deslealtad al Magisterio que tanto pregonan defender, Conciliábulo de Satanás. En verdad, si Martín Lutero planteó el juzgar a la Iglesia toda mediante la sola Sagrada Escritura, y por su parte los modernistas, liberales o progreeclesiales pretenden que sea el mundo el que ilumine a la Iglesia, los integristas católicos (lefebvrianos o sedevacantistas) pretenden juzgar a la Iglesia mediante la Tradición, desvinculada del Magisterio vivo de la Iglesia, pues ellos juzgan que desde Pío XII, último Papa legítimo, no ha habido papas válidamente elegidos (esto lo plantean los sedevacantistas más radicalizados). Una Tradición, en definitiva, no viva sino fosilizada, no dinámica, no abierta al soplo del Espíritu, y sí siempre propensa a las formas, modos, pautas, estilos, ritos y mentalidad de los tiempos de antes. Como si el Espíritu Santo se hubiese ido de vacaciones a partir del año 1958; o lo que sería peor, como si ya no asistiese a la Iglesia, abandonada de la mano de Dios la Esposa del Esposo, más allá de su indefectibilidad prometida por su Señor.Image result for george brassens
 
 

Y encima lefebvristas y sedevacantistas no dan precisamente el mejor de los espectáculos o testimonios de cordialidad, respeto, caridad cristiana, tolerancia debida hacia las ideas del prójimo, búsqueda de lo que une en Cristo y su Iglesia más allá de lo que separa, aunque todo lo que separe sea mucho. Aparte de innúmeros insultos, juicios sumarísimos, ataques ad hominen, condenas absolutas a la Iglesia “conciliar”, enrabietadas e inmisericordemente sectarias críticas a la Roma apóstata y gran puta, condenas sumarísimas a la Novus Ordo Missae (que si herética, ilícita, ambigua, de dudosa validez, que si neoprotestante, sacrílega, cismática, ¡así hablan de la misa que celebra a día de hoy el 99% de los católicos del orbe!) y un largo etcétera, entre ellos se atacan con furor, y no raramente se insultan. Se acusan mutuamente de apostasía y de herejía, con un rigorismo alucinante tan inmisericorde que no perdona ni el despiste de una coma, nada, pues para ser hereje, por lo visto, basta con que no te alarmes porque el famoso pro multis de la consagración eucarística se traduzca por “por todos” en vez de por “por muchos”. Para ser hereje, por lo visto, basta con que admires la labor misionera, médica, filosófica, teológica, musicológica y musical del Premio Nobel de la Paz 1952 Albert Schweitzer (para más inri, pastor protestante), o con que admires a Martin Luther King (pastor bautista negro, o sea, cismático y hereje), y no digamos ya si admiras la obra musical y literaria del cantautor y poeta francés George Brassens, anarquista y ateo: en este caso, te condenan directamente al infierno, en compañía del hereje Hans Urs von Balthasar, por supuesto, demoledor de la Iglesia y uno de los padres intelectuales del Conciliábulo de Satanás que ha desencadenado todos los males del mundo y de la Iglesia, toda vez que además al gran teólogo suizo se le ocurrió afirmar algo tan loco como "creo en el infierno, pero confío en que esté vacío". Image result for george brassens
 
 

Por esta afirmación, sin duda discutible, puede que errada, o siquiera matizable (habría que leer el texto completo en que aparece, etcétera), juzgan toda la vida y obra de una persona, en este caso, el católico y sabio teólogo suizo Hans Urs von Balthasar. Actitud que a mi modo de ver las cosas responde no al modelo de ver, juzgar y actuar auspiciado desde el movimiento obrero de inspiración cristiana y sí más bien al modelo que podríamos denominar con estos latines: post hoc, ergo propter hoc ("después de todo, luego es causado por esto"). Esto es, con un ejemplo: tras el Concilio Vaticano II, los seminarios y noviciados comienzan a vaciarse; ergo, todo la culpa de ese vaciamiento es del Vaticano II, pero toda toda, completamente toda.



6 de octubre, 2016. Luis Henríquez Lorenzo: profesor de Humanidades, educador, bloguero, escritor, militante social.

martes, 20 de septiembre de 2016

¿Qué cosa es el integrismo?

El comentario precedente de Luis (a la sazón forista en Infovaticana) parece un poco irónico, mas si no es irónico acaso esté errado en su apreciación de que los lefebvristas afirman que "fuera de la Iglesia no hay salvación (extra ecclesiam nulla salus), toda vez que los sedevacantistas (¿la tendencia más ultra en la extremísima derecha, neofascista e integrista de cuantas quepan imaginar en la Iglesia?) afirman que precisamente los lefebvristas son herejes porque no creen en el dogma católico que afirma que ciertamente extra ecclesiam nulla salus: "fuera de la comunión con la Iglesia católica, no hay salvación". Empero, esta afirmación de san Cipriano de Cartago, Padre de la Iglesia del siglo III, no es propiamente un dogma, aunque sí pertenece a la doctrina nuclear eclesial.
 
 
Como los sedevacantistas rechazan en bloque el Vaticano II, los "antipapas" de ese falso concilio (para más señas, Conciliábulo de Satanás), se pudren en el Infierno, en compañía de la apóstata, herética y falsa profeta Madre Teresa de Calcuta. Pero ¡oh sorpresa!, también se pudre en el Infierno monseñor Marcel Lefebvre, igual haciéndole compañía a ese gran teólogo, grande por hereje, que fue Hans Urs von Balthasar, quien se abrevió en algún lugar de su abundante obra a afirmar que "creía en el infierno pero confiaba en que estuviera vacío". Afirman que el suizo Hans Urs von Balthasar fue un sabio que iba y venía con total familiaridad y autoridad de la teología a la filosofía y de esta a la literatura clásica, incluida la española de los Siglos de Oro: Calderón de la Barca, santa Teresa de Jesús, san Juan de la Cruz, fray Luis de Granada... Pero como fue un hereje, se acabó, no hay más que hablar sobre el teólogo suizo, uno de los impulsores de la Revista Católica Internacional Conmunio, juntamente con Joseph Ratzinger, Henry de Lubac, entre otros, todos por supuesto herejes modernistas enemigos de Cristo y de su Iglesia. Image result for sedevacantismo
 
 
Para el severo e implacable juicio de los sedevacantistas, el 100% de los que apoyan el encuentro interreligioso de Asís, con su presencia o con su aplauso, también tiene el infierno eterno ganado a pulso, por traidores a Cristo y a su verdadera Iglesia, que ya no está cum Petro et sub Petro, pues Roma ha perdido la fe y es apóstata (en este juicio coinciden con los lefebvristas), sino en un pequeño rebaño o remanente del Pueblo de Dios que tampoco coincide con el pequeño remante de ese Pueblo de Dios en que creen los católicos que sí aceptan el Concilio Vaticano II y que por extensión defienden que el Papa legítimo es Benedicto XVI y que por tanto Francisco es un falso papa o antipapa, usurpador del trono de Pedro, un falso profeta.
 
 
De manera que ante todo esto... Uno sabe poca teología -y no es falsa modestia-, pero en las bitácoras y sitios de Internet de los sedevacantistas y de los lefebvristas o lefebvrianos se encuentra uno con un tono de desprecio al otro, al prójimo que piensa, siente, sufre, cree distinto... Ni en las bitácoras de los dizque católicos progresistas o liberales, también llamados modernistas, es fácil encontrar insultos, ataques, críticas demoledoras, a tope feroces, despiadadas, y sumarísimas condenas como uno se encuentra en el común de esas páginas. Algunos llegan a afirmar no solo que Juan Pablo II fue un falso papa o antipapa, sino que ni siquiera fue católico por hereje, y habiendo sido un hereje, no fue ni católico, y sí un malvado enemigo de Jesucristo y de su Iglesia, y de María Santísima y de toda la corte celestial de santos y santas de Dios.
 
 
Por lo que a mí respecta, los sitios y bitácoras de Internet dizque progresistas o modernistas católicos, los juzgo tan heréticos (en este caso, sí que no dudo en emplear este término para referirme a los progreeclesiales: Juan José Tamayo, Juan Masiá, Teresa Forcades, Lucía Caram...) que a mí ni fu ni fa, pues ellos y ellas se autodescalifican, con sus permanentes y sistemáticas heterodoxias; los que sí me hacen replantearme mis convicciones católicas, mis fidelidades eclesiales, mi ser católico cum Petro et sub Petro, son los tradicionalistas católicos, digo especialmente los lefebvristas y sedevacantistas con su pretensión de ser los últimos mohicanos, quiero decir, los últimos católicos rigurosa e integralmente fieles a la bimilenaria doctrina de la Iglesia católica, solo que esta hasta el año 1958, en que muere el último papa para ellos legítimo (esto es, Pío XII) y pasa a ocupar la sede de Pedro el cardenal Roncalli, o sea, el falso papa o antipapa Juan XXIII, masón, gordinflón y comelón para más señas (y fumaba cigarros puros, creo, o se fumó alguno que otro). 
 
 
Conozco que en los ambientes sedevacantistas aún circula la llamada hipótesis Siri: el tradicionalista cardenal italiano Giuseppe Siri habría sido elegido papa con el nombre de Gregorio XVI en el cónclave de 1958 del que finalmente saldría elegido Roncalli (esto es, Juan XXIII), en principio un candidato como de consenso entre los progresistas y los tradicionalistas, además ya muy mayor, con lo cual su pontificado habría de ser de los considerados cortos. Frente al candidato del ala progresista, el arzobispo de Milán Montini (futuro Pablo VI), que contaba con el determinante inconveniente de no haber sido elevado a cardenal, el recién electo papa Siri con el nombre de Gregorio XVII habría sido finalmente obligado a renunciar, o bien porque los cardenales del este de Europa temían que, con la elección del susodicho cardenal italiano, se producirían graves disturbios y altercados y asesinatos incluso de clérigos tras el Telón de Acero, en plena época de la Guerra Fría, o bien porque lo consideraron muy joven (tenía entonces 52 años). Sin embargo, en mis andanzas por Facebook me he encontrado con sedevacantistas que desechan no solo la hipótesis Siri sino a Siri mismo, al que no dudan en calificar de "falso cardenal conciliar", o sea, aceptador al fin y a la postre del Vaticano II, a pesar de todas las reticencias hacia el mismo por parte de un cardenal ciertamente tradicionalista o conservador como Giuseppe Siri.


Pues esto, cito lo anterior, que puede parecer entre anecdótico y fuera de contexto, dado que a mí que soy católico conciliarista (acepto el Vaticano II con la sola salvedad, o mejor, perplejidad, de las dudas que me suscita permanentemente el papa Francisco, por su errático pontificado salpicado de heterodoxias, imprudencias, ambigüedades y oposiciones doctrinales al Magisterio), ¿qué tienen que decirme, para fortalecer mi fe católica y mi propia posición en la Iglesia, los lefebvristas y los sedevacantistas? ¿Qué pueden decirle unos y otros a una persona como yo que no sataniza el personalismo comunitario -todo lo contrario, me sigo nutriendo de esta corriente filosófica- y que, entre preferir los estados confesionales católicos y preferir las democracias liberales, parlamentarias, representativas o burguesas -de todas estas maneras se puede llamar-, en principio prefiere las democracias burguesas, por más que también entienda que las democracias liberales o representativas y el llamado Reinado de Cristo no hacen a menudo buenas migas?
 
 
Desde luego, más dubitaciones y perplejidades que echar en la alforja pensante de mi vida. Bendito sea Dios.
 
 
21 de septiembre, 2016. Luis Henríquez Lorenzo: profesor de humanidades, educador, escritor, bloguero, militante social.