jueves, 10 de septiembre de 2015

"Acaso el problema de llamarse Carlos Herrera"

Pues en las palabras de felicitación de Carlos Herrera al político del Partido Popular y persona homosexual Javier Maroto, aprecio similar tono al usado por el mismísimo papa Francisco para felicitar “por su labor editorial” a la lesbiana italiana Francesca Pardi, cuya carta y cuyos libros ha agradecido.

Que ha agradecido, sí, carta y algunos ejemplares que tuvo a bien enviarle la italiana Francesca, pareja de otra lesbiana con la que saca adelante a cuatro hijos, por más que algunos medios oficialistas próximos al papa Francisco hayan salido a la palestra para aclarar, una vez más, que el Papa solo saludó y le hizo llegar sus mejores deseos de prosperidad a la autora y activista italiana, sin por ello aprobar su modus vivendi contrario a la doctrina católica

Mas, incluso en el supuesto de ser así, como pretenden los desmentidos oficialistas, uno no puede dejar de considerar, papa Francisco, los casos que yo mismo conozco de católicos empeñados en ser fieles hijos y militantes de Cristo y de su Iglesia, que te han escrito cartas, Santo Padre, por diversos motivos que aquí y ahora no vienen al caso, y aún esperan, como quien a Godot espera, respuestas que no llegan… y que no llegarán, lo más probable, si Dios no pone su santa mano. Has contestado, respondido cartas y recibido en el Vaticano incluso, papa Francisco, a ateos, judíos, musulmanes, agnósticos, anticlericales, homosexuales, lesbianas, transexuales, cristianos ortodoxos, cristianos protestantes... y estos católicos que conozco te han escrito cartas que, me temo, nunca serán contestadas. ¿Puedes imaginarte cómo se sienten? Te lo diré -aunque me supongo que puedes adivinarlo tú, imaginarlo tú-: se sienten defraudados, despreciados, ninguneados. Comprueban día a día además cómo muchos bautizados católicos no manifiestan creer ni en Cristo ni en su Iglesia, y sin embargo viven de su negocio en la Iglesia.     Resultado de imagen para carlos     herrera

A decir verdad, volviendo con nuestro periodista radiofónico, me parece que Carlos Herrera, sin duda uno de los genios ya veteranos de la radiodifusión española, en la actualidad rutilante estrella de la COPE tras dejar Onda Cero, en su felicitación al señor Maroto está incluso menos “heterodoxo” que el Papa, pues desear felicidad a alguien, aunque tal felicidad se desprenda de una convicencia radicalmente anticristiana como es la convivencia en pareja homosexual, en principio no es malo, no es mal deseo. Parece ser que el Papa felicita a la activista lesbiana Francesca Pardi por su labor al frente de esa editorial promotora de la ideología de género, la cultura gay, etcétera, en tango el muy mediático -y él mismo confiesa que católico- Carlos Herrera, se limita a desear a Javier Maroto un convencionalmente respetuoso y como aséptico “le felicito por su enlace matrimonial que pronto tendrá lugar”; a menos, insisto, que los desmentidos a que he aludido oficialistas, próximos al entorno del Papa argentino,vengan a tener razón...  

Claro que de haber sido menos políticamente correcto Carlos Herrera y más católicamente militante, podría haber aprovechado para hacer una defensa de la doctrina tradicional católica sobre el matrimonio, pero igual hasta se dejó aconsejar o seducir el señor Herrera por las muy papales “si un gay tiene buena voluntad y busca a Dios, ¿quién soy yo para juzgarlo?”

Porque -insistamos- no es mal deseo desear que las personas sean felices, y manifestarlo en plan quedar bien, en plan corrección mediática, aunque se discrepe profundamente de las vías usadas por la persona de marras en buscar y lograr esa felicidad.

Ciertamente, la sombra del cardenal Carlo Maria Martini es muy alargada:”Tengo amigos gais; me parecen magníficas personas. No me considero quién para juzgarlos”. Texto entrecomillado que aparece en uno de sus últimos libros-entrevista publicados. En medios católicos tradicionalistas, Martini es detestado; en mi biblioteca personal, tengo más libros del cardenal italiano que de Joseph Ratzinger, mas prefiero la teología de Benedicto XVI sin por ello satanizar a Carlo Maria Martini. Pues si algunos o abundantes errores doctrinales contienen sus libros y si muchos pecados cometió en vida y si fue simpatizante de la causa de la masonería infiltrada en la Iglesia y él mismo el principal candidato de esta para penetrar en la Esposa de Cristo hasta la cocina, hasta el mismísimo cenáculo (verbigracia, su cara de estar permanentemente cabreado, ¿era reflejo de su mal carácter, de su soberbia?, que esto es lo que algunos sostienen), la misericordia de Dios, que es justicia, habrá tenido ya con el cardenal Martini la última palabra; yo me quedo con lo que haya podido aprender de sus libros, con el aprovechamiento espiritual que haya podido extraer de ellos. Y sanseacabó.  

Pero aun es más: ahora que acaba de salir a la luz una biografía autorizada del muy influyente cardenal belga Godfried Danneels, el cardenal jesuita Martini aparecería como un confabulador contra el pontificado de Joseph Ratzinger. Según cuentan los autores del ensayo Jürgen Meltepenninger y Karim Schelkens, hechos que reconoce el propio biografiado cardenal G. Danneels (quien fuera arzobispo de Manilas-Bruselas, y tristemente encubridor de un obispo pederasta que abusó durante años de varios sobrinos), ambos prelados juntamente con los alemanes Walter Kasper y K. Lehman, el inglés ya también fallecido Basil Hume, el italiano y aún vivo ya nonagenario Silvestrini, y varios prelados más, formaron un lobby empeñado en oponerse a Benedicto XVI apostando por Bergoglio, so pretexto de alumbrar o vertebrar una Iglesia más moderna, adaptada a la mentalidad del mundo actual. Como en efecto acabaría ocurriendo. Estos gravísimos hechos, este complot contra el papa Benedicto XVI perpetrado por el lobby cardenalicio de marras, de finalmente probarse harían incurrir en excomunión automática (latae sententiae) a los cardenales y obispos implicados, y salpicaría al propio papa Francisco, concitando o reforzando dudas sobre la validez de su elección como sucesor de Pedro. 

De manera que, así el estado de cosas en la Iglesia, como éramos pocos, parió la abuela: a las dudas sobre su legitimidad como Papa que constantemente deja Francisco con la demostración, un día sí y otro también, de su no muy brillante formación teológica, de su permanente merodear la heterodoxia doctrinal (una bitácora de Internet muy interesante para documentar todo esto, Denzinger-Bergoglio), se une ahora la lluvia torrencial de dudas sobre la limpieza o equidad de su petrina elección.

Sin duda, la crisis de la Iglesia que no parece tocar fondo, ni conocer límites.


10 de septiembre, 2015. Luis Henríquez Lorenzo: profesor de humanidades, escritor, bloguero, educador, militante social.
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