viernes, 28 de julio de 2017

"Una parte de mi credo"
 
 
 
 
Bueno, ya he leído este análisis; confío en que dentro de un rato pueda hacer del mismo una lectura más reposada, con papel y lápiz incluso para tomar algunas notas, para ampliarlas, a propósito de una carta que muestra total apoyo al papa Francisco. Total y entusiasta. La firman ultraprogres eclesiales y paraeclesiales, casi todos brasileños, que encuentran que Francisco es “su Papa”; muchos de tales firmantes, la gran mayoría, son anónimos, pero los hay tan conocidos como Leonardo Boff, Fray Betto o el monje Marcelo Barros.

 
 
Para que se sepa. Hay tanta distancia eclesial, espiritual, teológica e ideológica entre el ala eclesial más situada en la izquierda y el ala eclesial más situada en la derecha (permítanseme estas categorías sociológicas, cierto, pero que son en parte útiles para plantear el asunto), que si se comparan, aparece claramente como que nos encontráramos ante dos religiones distintas. Entonces, así las cosas, hechas las comparaciones, ¿cuál de las dos vendría a ser la católica?Image result for grupos sociales progresistas
 
 
 
 
Particularmente yo procedo política, social y eclesialmente de los sectores situados en el ala izquierdista o progresista de la Iglesia, de manera sigo sin situarme en el ala eclesial más escorada hacia la derecha, pero tampoco me sitúo ya, ¡ni modo!, en el sector de los progreeclesiales, entre otras razones porque sospecho que los progreeclesiales -sin que en tal valoración mía quepa por mi parte intención alguna de juicio y condena sobre sus conciencias- ¡no tienen ya un pensamiento católico! Como si con la excusa o coartada de reformar permanentemente la Iglesia para “hacerla más fiel al proyecto de Jesús”, lo que en verdad estuviesen proponiendo es una permanente y sistemática mundanización o radical secularización de la Iglesia, a base de adaptarla al mundo lo más posible: comprensión del aborto y legitimación del mismo; comprensión de que la homosexualidad y todas sus variantes (bisexuales, asexuales, intersexuales, queer, transexuales…) son opciones sexuales católicamente legitimables; aceptación del ideario de los partidos políticos de izquierda de inspiración marxista; aceptación del pluralismo religioso entendido como que todas las tradiciones religiosas son igualmente válidas, legítimas y convenientes como camino de salvación; aceptación de la llamada libertad sexual postmoderna y de los llamados derechos sexuales reproductivos (mentalidad antinatalista, etcétera); permanente mantra con que sostener que los papas Juan Pablo II y Benedicto XVI se dedicaron a conculcar el Concilio Vaticano II, cuya exacta y lúcida interpretación solo sigue correspondiendo a la hermenéutica progreeclesial empeñada en ver el Vaticano II como una abrupta ruptura con toda la Tradición; aceptación del feminismo radical y de la ideología de género como propuestas ideológicas asumibles por la conciencia católica…
 
 
 
Desde luego, mi inquietud vital y mi curiosidad espiritual-intelectual lo mismo me lleva a interesarme por conocer las propuestas eclesiales de un obispo representante del ala de la izquierda eclesial como fuera el argentino Jerónimo Podesta (este fue padre conciliar en el Vaticano II, luego se acabó casando con la que había sido su secretaria, se secularizó, acabó convirtiéndose en una de las figuras prominentes de la Federación Internacional de Sacerdotes Casados...), que a interesarme por conocer las propuestas del arzobispo francés Marcel Lefebvre, considerado uno de los representantes máximos de lo que con sesgo de malicia o sin él se denomina sector integrista de la doctrina católica. Y ya luego voy comparando, confrontando, cogiendo de aquí y cogiendo de allá, sacando mis propias conclusiones… Diríase que es como si no me casara con nadie, salvo con Cristo y con su Iglesia. Por más que en última instancia, en caso de tener que elegir entre la fidelidad a Marcel Lefebvre o al Papa, elijo la fidelidad al Papa, vicario de Cristo, en la medida en que el Papa actúa de oficio como fiel guardián del depósito de la fe. En mi caso, siempre ha sido así. Salvo lo que me viene sucediendo con el papa Francisco, a quien también deseara ser fiel, solo que Jorge Mario Bergoglio plantea serios problemas, un día sí y otro también, porque su doctrina, al menos según mi inevitablemente modesto modo de entender las cosas, en no pocos aspectos no parece ni fiel a la doctrina del Vaticano II, ni tampoco por tanto a la de la Tradición y el Magisterio bimilenarios de la Iglesia.
 
 
 
Dicho de otro modo o abundando en estas cuestiones disputadas: no se me esconde que para sedevacantistas y para los sectores más extremos o radicales del lefebvrismo, el Concilio Vaticano II debe ser rechazado en bloque; los sedevacantistas además consideran que la sede petrina está vacante desde que la ocupara el santo padre y ya santo Juan XXIII. En sus publicaciones de que tengo noticia, casi todas alojadas ya hoy en Internet, sedevacantistas y lefebvristas no ahorran expresiones de rechazo, condena, crítica permanente e incluso injuria contra los que despectivamente llaman los papas conciliares (por si aún hubiera algún despistado: la anterior expresión se refiere a los ocupantes de la Silla de Pedro desde Juan XXIII hasta Francisco), la Iglesia conciliar, la debacle actual del catolicismo... Sin duda, algunas de tales críticas las comparto, pero no así lo que podríamos denominar la musiquilla de fondo de esa visceral enemistad con la Iglesia actual pasada a través de las aguas del Concilio Vaticano II, con respecto al cual mantengo una postura parecida a la que exhibe el obispo católico Atanasio Schneider (archidiócesis de Astana, Kazajistán): plena aceptación del Vaticano II, en comunión con la Santa Sede, sin que por ello haya de excluirse la permanente revisión crítica de los textos de ese concilio ecuménico; e incluso, la reivindicación de la posibilidad de que un órgano como la Congregación para la Doctrina de la Fe acabe publicando una suerte de syllabus  explicativo de todos los pasajes oscuros o ambiguos del Vaticano II.
 
 
El propio obispo Atanasio llega a plantear que la solución preferida por el emérito Benedicto XVI, que no es otra que la de insertar el Concilio Ecuménico Vaticano II en la línea de todos los concilios anteriores a través de la hermenéutica de la continuidad, no es válida para iluminar algunos de los textos más ambiguos u opacos del Vaticano II. A este respecto, yo que no soy doctor de la Iglesia sino tal vez uno de sus hijos más insignificantes poco puedo aportar, salvo que para mí Benedicto XVI sí fue un Papa (y lo sigue siendo, con independencia de la discusión sobre si sigue siendo el verdadero Romano Pontífice frente al antipapa Francisco, etcétera) que me confirmó en la fe católica, apostólica y romana. Es decir o lo que es lo mismo: tal vez también por falta de tiempo por mi parte para profundizar más y más en los asuntos como de "alcoba" o de bambalians de la Iglesia (no tendría inconveniente en reconocer esto), a mí me saca de mis casillas que desde sectores ultratradicionalistas católicos se acuse al papa Juan XXIII de masón y de degenerado gordinflón entregado al pecado capital de la gula, y al beato papa Pablo VI se le acuse de gay e igualmente masón y al emérito Benedicto XVI de ser poco menos que un agente infiltrado de la Sinagoga talmúdica y cabalística.
 
 
 
Reconozco que puedo pecar de ingenuo o desinformado, pero lo que siento ante acusaciones del jaez de las anteriores referidas a los tres papas citados es que hay católicos de mentalidad tremendamente rigorista e integrista, negados completamente a reconocer aspectos positivos en la modernidad, en la propia evolución de las ideas, en la cultura secular actual, e incluso en otros credos e ideologías. Desde luego, esta es la impresión que me dejan, igual el equivocado soy yo.      
 
 
 
Con todo o a decir verdad, en menuda encrucijada se encuentra la esposa de Cristo (sumida en una crisis comparable a la crisis arriana del siglo IV, o tal vez hasta más dramática que aquella), quien para mí pasa por ser el único salvador de la humanidad, el Hijo de Dios, el Señor de la historia, confesado lo anterior con todo respeto a una figura como Buda Sidharta, por ejemplo, que me parece un hombre de existencia muy noble, muy sabia, solo que un hombre más entre los hombres (varones y hembras).
 
 
 
9 de agosto, 2017. Luis Henríquez Lorenzo: profesor de Humanidades, educador, escritor, bloguero, militante social.
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