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miércoles, 7 de agosto de 2019

"Hijos putativos de Carlos Marx"




Desde luego, mejor que el término ecologista sería el término animalista para nombrar a toda esa caterva de alucinados desalmados (sin alma; bueno, perdón, con el alma dormida, aletargada, anestesiada por la atmósfera mundana y de apostasía imperante) y descerebrados que criminalizan toda la que ha sido hasta ahora milenaria relación del hombre (varón y hembra) con los animales (caza, pesca, ganadería, pastoreo, apicultura, faenas de carga y descarga, montura, silvestrismo, canaricultura, colombofilia, colombicultura, peleas de gallos...), y proponen a cambio una falsa, absurda y necia compasión del hombre hacia estos últimos.


Aunque el concepto compasión es netamente humano porque se aplica a la capacidad de libertad, de amar y de conciencia moral del hombre, el animalismo intenta apropiarse (usurpar) de conceptos como el referido de compasión, y lo cierto es que en tal intento va pareja la penitencia, digo el desastre: se deshumaniza al hombre (varón y hembra) y se acaba personalizando al animal. De modo que ciertamente se pone en circulación una visión idealizada a lo Walt Disney de lo que es la naturaleza, que en todo caso pasa por ser una realidad creacional en la que impera la ley del más fuerte: el pez más grande se come al más chico, los felinos a los herbívoros, las águilas y halcones a los roedores…Mas con todo, de qué extrañarse, si el animalismo es hijo putativo de la noción marxista de lucha de clases: el «sujeto» explotado sería el mundo animal, y el «agente» opresor, el hombre. Nada nuevo bajo el sol.



Por lo demás, lo más ignominioso de esta movida es que los adalides del animalismo son, en el 99% de los casos, también feministas supremacistas, o sea, abortistas, antifamilia tradicional, antinatalistas, ultralaicistas, perroflautas, globalistas, ateoides, proinvasión migratoria, anticatólicos, partidarios de la ideología de género, abanderados de las movidas LGTBIQ… 



En definitiva: el ser animalistas (supuestamente compasivos y respetuosos con los derechos de los animales) no les impide el apoyar todas las medidas anteriores expuestas que son las que han convertido España en una cloaca de podredumbre moral, en una sociedad radicalmente enferma de materialismo, nihilismo, individualismo, relativismo y hedonismo.Resultado de imagen de animalismo


Reconozco que puedo parecer muy crítico o tal vez injusto con el movimiento animalista y que hasta pudiera parecer que soy insensible hacia el mundo de los animales. Sin embargo, modestia aparte considero que sin ser o tener que ser un dechado de virtudes y bondades para con los animales sí que soy un hombre joven normal, sobre todo católico, y que los trata, a los animales, como se debe tratar a un animal: sin maltratarlos ni causarles daño alguno innecesario, sin ningún sadismo hacia ellos, pero en todo momento sin perder de vista que el animal es un ser vivo «esencial y cualitativamente distinto del hombre, porque Dios no ha creado a los animales a su imagen y semejanza, solo ha creado al hombre, varón y hembra, a su imagen y semejanza, con vocación a la vida eterna, con lenguaje articulado, con inteligencia racional, con alma inmortal, con sed de Dios…»


Solo el hombre busca a Dios, solo el hombre tiene sed de eternidad, sed de infinito, sed de Dios…Ninguna especie animal busca a Dios, manifiesta sed de Dios, salvo la especie humana, el Homo sapiens sapiens. Solo que me temo que este dato importará un comino a los adalides teóricos del animalismo y a todas sus tropas de intransigentes y totalitarios peones de la causa, capaces algunos de ellos de alegrarse de la muerte en la plaza de un torero, de las heridas a veces mortales provocadas por la actividad de pesca y caza en algunas personas practicantes de tales seculares modalidades deportivas (más que deportivas: la pesca y la caza atesoran seculares valores culturales, antropológicos, éticos, humanos, cinegéticos, medioambientales, filosóficos, económicos, lúdicos…), de la muerte por cáncer de un niño que soñara con ser torero, del suicidio por inorillables problemas personales de la joven y muy guapa cazadora española Mel Capitán…


A decir verdad, estos animalistas (muchos de los cuales no tienen ni pajolera idea ni experiencia alguna de lo que es la vida rural) son tontos útiles del gran proyecto de ingeniería social puesto en marcha por el muy masónico y sionista Nuevo Orden Mundial: subvertir todos los fundamentos de la civilización cristiana en aras de la vertebración o gestación de un mundo sin patrias, sin fronteras, mestizo, multicultural, con una única religión mundial sincretista…


Ahora que si queremos reírnos de las alucinadas de algunos de estos animalistas, pues lo tenemos a huevo, nunca mejor dicho: en estos días una pareja de mujeres jóvenes españolas (por lo demás, ningún animalista que se preciara les impediría ser pareja de lesbianas) adscrita a tan pintoresca ideología, han hecho viral en las redes un vídeo en que aparecen estallando contra el suelo huevos de gallina, "porque estos huevos son de ellas y les pertenecen, los humanos no tenemos ningún derecho a comernos estos huevos de ellas". Y "además" -continúan explicando en el vídeo-, "de hecho las hemos separado de los gallos, para que estos no las violen (sic), de modo que los huevos no tienen galladura, porque nosotras lo que pretendemos es que estas gallinas tengan la mejor vida posible, la más digna vida posible".


Ahora hay que respirar hondo y hacer un minuto de silencio (y no por las gallinas, claro, que al fin y al cabo cuando mueran, si es que no acabaron sus días en el estómago de algún humano, irán al pudridero, no al campo santo): en Irak, se teme que en cuestión de varias décadas pueda no quedar ni un solo cristiano; en México, las llamadas Brigadas de Autodefensa marcan en la espalda con hierros al rojo vivo, como si se tratase de ganado, a presuntos o reales autores de crímenes.


Me duele ser hombre, poetizara Pablo Neruda en su Residencia en la tierra. Y a mí me duele, y me indigna que estas animalistas utilicen los pronombres no de la manera magistral como los empleó nuestro genial Pedro Salinas para cantar con encendido optimismo el amor de la pareja humana ( "¡Qué alegría más alta: vivir en los pronombres!"), ¡sino de manera tan zafia y vulgar para nombrar a unas cochinas gallinas, coño! ¡Más putas que las gallinas, afirma la sabiduría popular, y estas muchachas animalistas las apartan de los gallos para no ser violadas por estos (sic)! ¡Mundo de locos, Dios, pretender que los gallos no ejerzan su virilidad, qué imbecilidad líquida o espesa! ¡Un poco de por favor y de respeto al menos a nuestra gramática, que normativiza que los llamados pronombres personales deben ser usados para referirse a las personas! 


Con todo, no seré menos hombre aunque sí pudiera parecer no tan gramatical ni poético ahora en este giro si les confieso que ahorita mismo siento unas enormes ganas de zamparme un par de huevos fritos, o de yemas batidas con azúcar integral y gofio, para chuparse los dedos, antes de que se me salten las lágrimas.


27 de agosto, 2019. Luis Henríquez Lorenzo: profesor de Humanidades, escritor, educador, bloguero, militante social.

sábado, 6 de septiembre de 2014

"Se llama Wanda Nara"

No creo que Wanda Nara sea actriz pornográfica, como de ella están afirmando algunas voces en esta misma bitácora. Desde luego, su vida no parece ser un dechado de virtud y tampoco de castidad, pero me parece excesivo llamarla actriz pornográfica; y puede que hasta injurioso o infamante. Calificarla de actriz pornográfica por causa de un vídeo de producción casera que circuló hace unos pocos años por Internet en el que al parecer aparece protagonizando algunas escenas íntimas muy eróticas, o hasta perversas para algunas sensibilidades, pues como que no. 

Y más que excesivo, resultara falso: el que sea frívola, o lo haya sido, o promiscua, no vienen a ser hechos o actitudes de su vida que la conviertan así sin más en estrella del porno. (Si estoy equivocado, si mis datos no son los correctos, seré el primer sorprendido). 

Y el papa Francisco no la abraza. Cierto que el brazo izquierdo del Papa rodea ligeramente la cintura de la modelo argentina, a la que una joven amiga mía uruguaya preferiría llamar, según aclaración de esta misma amiga mía, “botinera”: chica que se “pirra” por los futbolistas. El papa Francisco no la abraza, ese gesto no es abrazar; ese gesto, ciertamente algo sorprendente en el sucesor de Pedro, pudo ser incluso hasta mecánico, inducido por las prisas y las poses para sacar las fotos pertinentes. Señalado todo esto admitiendo que no se me escapa, empero, que para algunas voces católicas notablemente cualificadas, el papa Francisco se prodiga en gestos que están aportando lastimosa casposidad, insoportable plebeyismo e insidiosa vulgaridad a una bimilenaria institución como es el Papado: su forma de ejercer el ministerio de sucesor de Pedro más pareciera peronista que propiamente petrina.  

(Podría ser todo esto, pero también podría ser que no, y que el papa Francisco, sin duda pecador, fuese una excelente persona; yo no lo sé: creo saber con certeza muy pocas cosas. Por eso repito tanto en mis escritos una que creo conocer con plena garantía, con dolorosa garantía, digo vivencia: desde la Diócesis de Canarias me han humillado, me han querido perjudicar, han pasado de mí injustamente, sin entrañas de misericordia: yo llevo más de 25 años demostrando que soy militante cristiano siempre en tensión de fidelidad al Evangelio, la Tradición y el Magisterio, en claves personalistas comunitarias, sobre todo en organizaciones como el Movimiento Cultural Cristiano, Instituto Emmanuel Mounier y Acción Cultural Cristiana; atesoro cierta formación interdisciplinar -literatura, filosofía, teología, personalismo comunitario, cine, anarquismo, historia del movimiento obrero...-; cuento con experiencia docente, en diversos centros de estudios, reglados y no reglados, públicos y privados; quemé las naves autoexcluyéndome de las listas de la Consejería de Educación del Gobierno de Canarias cuando ingresé en el Seminario Diocesano de Canarias en el curso 2001-2002; soy firme partidario de la familia cristiana entendida como escuela de amor, de solidaridad, como iglesia doméstica: espiritualidad, apertura generosa a la vida: tener hijos según el plan de Dios. Y sin embargo, pese a todas estas credenciales que estoy convencido de poder mostrar, porque las atesoro, no he merecido ni ser recibido por las autoridades eclesiásticas, no solo canariensis sino de toda España, a cuyas puertas y ventanas he tocado insistentemente. Durante muchos años, completamente en vano: entrañas duras las tuyas, monseñor Cases Andreu, que sin embargo no han parecido tan duras que impidieran mantener como docentes de Religión católica en la escuela pública incluso a personas de conducta homosexual activa -públicamente activa, casado homosexualmente alguno que otro incluso-, amén de a burócratas antimilitantes, figurones, arribistas, medradores, trepas, tibios, laicistas, mediocres políticamente correctos, antinatalistas... De manera que tras sufrir una clericanallada como esta, sumada a múltiples reflexiones, impresiones e incluso certezas o atisbos de certezas, también me parece participar del pleno convencimiento de que los niveles de mundanización-demonización de esta Iglesia son altísimos, tremendos, realmente pavorosos, como por cierto no podría sino corresponder a una Iglesia asolada por la Gran Apostasía ya profetizada en las Sagradas Escrituras. Siendo víctima del más implacable desprecio eclesial, como experimento ser, justamente por mi condición de católico, cosa muy mal vista en amplios sectores de esta Iglesia descatolizada, no obstante no soy capaz de erigirme en juez de este Papa: un enigma para algunos; un catastrófico desastre para otros; un plebeyante impostor para ciertas voces católicas; en fin, para algunas más, un esperanzado signo de la primavera eclesial ).

Volviendo con nuestra protagonista argentina, luego del excurso anterior, salta a la vista que Wanda Nara es muy sexy, muy atractiva: luce un tipazo de mujer impresionante. Y cierto que hay fotos suyas en Internet algo subidas de tono, en que muestra unos senos grandes, etcétera, sobre los cuales manifiesta “orgullo y contento” su actual marido: "Las espléndidas lolas de mi mujer", tiene por ahí expresado el exfutbolista. Todo esto es cierto. Pero Wanda Nara está muy discretamente vestida en presencia del papa Francisco. Las cosas como son, me parece.idem supra

Que la Iglesia hace aguas por todas partes es una evidencia tan obvia que hasta un ciego la vería. Pero yo no tengo entendido que la joven argentina Wanda Nara sea actriz porno, ni veo en foto alguna de esa recepción vaticana con motivo del reciente partido de fútbol por la paz, que el papa Francisco “abrace” a su bellísima compatriota.

Que hay eclesiásticos en las bajas, medias y altas esferas que se comportan como verdaderos apóstatas, sin duda: no hace falta ser un deicida  y anticlerical tipo Nietzsche para percatarse de esto. Pero de ahí a refutar todo gesto del papa Francisco, toda palabra que este pronuncia o pronuncie, toda homilía de su magisterio ordinario, toda propuesta suya, todo pensamiento suyo, toda iniciativa suya…

Que hay obispos católicos cobardes, timoratos, mediocres, mundanizados, trepas, no poco nepotistas e hipócritas, autoritarios y hasta políticamente correctos, también indudable. Pero el papa Francisco en la recepción a todas esas figuras del mundo de la moda, la vida frívola, el fútbol de élite y los negocios más o menos turbios no ha estado a la altura “profética y de denuncia” de un Savanarolla, cierto, ni tampoco ha mostrado los gestos distantes por mayestáticos de un Pío XII, de un san Pío X, de un Pío IX, solo que tampoco es que haya sido “escandalosa” su forma de posar y de comportarse con esas inusuales visitas.

Me parece a mí, claro. Desde el prisma de mis ojos, de mi entendimiento, de mis oídos, de mi avellanado cerebro.


Postdata: la anterior es una nota que publiqué como comentario a una noticia aparecida en Infovaticana. Tengo sobrados motivos para no experimentar especial estima por algunos eclesiásticos católicos: como hasta la saciedad vengo denunciando y lamentando en mis escritos, en no pocos de estos (desde la aparición de mi ensayo ¿La Iglesia católica? Sí; algunas consideraciones, por favor. Madrid, Vitruvio y Nostrum, noviembre, 2011), me considero ninguneado, perjudicado, difamado y despreciado por autoridades eclesiásticas canarias que, empero, han preferido mantener como docentes de Religión católica a excuras gays, o sea, homosexuales activos; y a mí, ni recibirme, ni escucharme, mucho menos darme una oportunidad laboral. Nada, cero patatero. A mí que públicamente me he enfrentado a defensores del lobby LGTB, algunos de los cuales aún viven en lo profesional de la Iglesia; y que mantengo la antorcha de una espiritualidad de conversión o de encarnación en claves personalistas comunitarias, desde hace más de 25 años, y que creo en la familia cristiana como escuela de solidaridad, espiritualidad y apertura generosa a la vida, y que quemé las naves en su momento al ingresar al Seminario Diocesano con mi renuncia voluntaria a un trabajo, hipotecando mi vida con mi autoexclusión de las listas de la Consejería de Educación del Gobierno de Canarias... Tengo sobrados motivos, insisto, porque el desprecio que he sufrido por parte de ciertos eclesiásticos es hijo o fruto podrido de esta Iglesia mundanizada-endemoniada que hace aguas por todas partes. (Así que perdona, amable lector, que en este párrafo vuelva a referirme al atropello del que creo haber sido víctima en el seno de la Iglesia). 

Pero aun así y todo, el corazón del Evangelio invita al perdón de las ofensas. Y a amar a los enemigos, tratando de no devolver el mal con más mal: Lc 6, 27-36. Exhortación del Evangelio que a mí particularmente mucho me cuesta. Principalmente por tres motivos o causas: por mi propia debilidad humana, por mi egoísmo; dos, porque me parece aprehender que no pocos eclesiásticos se comportan como redomados hipócritas que son los primeros en no perdonar, en no ayudar, en no consolar, en no dialogar desde la fraternidad, en no practicar la justicia; y tres, porque a mí espíritu ácrata desagrada el clericalismo, las formas de sumisión en el tratamiento a los jerarcas: monseñor, eminencia, ilustrísima, reverendo padre, santísimo padre... Que no logro conjugar la simplicidad evangélica de Cristo con todos esos modos, máxime, insisto, cuando crees captar cómo se las gastan muchos jerarcas.

Hasta el extremo de que por esto mismo, me agradan más algunas de las iniciativas eclesiales progresistas de bitácoras como Atrio (digo algunas: rechazando como rechazo el aborto, la homosexualidad, etcétera, comprenderán que estoy también muy lejos del sentir de la progresía eclesial católica) que otras tendentes a generalizar que la recepción de la comunión vuelva a ser de rodillas y en la boca. Que ya sé, sí, es la que han manifestado como proferida el 99% de los santos, santas y papas, pero no es la que yo uso habitualmente: será en efecto la que han preferido prácticamente todos los santos, santas y hasta papas (salvo, parece ser, el papa Francisco, no en balde es tenido por no pocos tradicionalistas por el menos santo y devoto y piadoso de todos los obispos de Roma, o casi), pero los seglares que me parece conocer que la prefieren, participan de un conservadurismo doctrinal, filosófico, cultural, ideológico y de todo tipo, que a mí mismo, que no soy progresista al uso pero sí más de izquierdas que de derechas, me tira para atrás. 

Y todo esto dicho con todo respeto, con toda la claridad posible pero con todo respeto.



11 de septiembre, 2014. Luis Henríquez Lorenzo: profesor de humanidades, educador, escritor, bloguero, militante social. 


martes, 20 de agosto de 2013

"El monacato de la Iglesia en el corazón del mundo"


monacato, oración, mundanismo...Siempre me ha llamado poderosamente la atención la vida monástica; acaso desde la impresión o sospecha de que yo mismo, por "gustar tanto de las cosas del mundo", no podría ser monje en mi vida...




Con todo, visito con relativa frecuencia algún que otro monasterio, y hago oración en ellos, etcétera. Y considero, a "la luz" que ofrecen esos lugares o espacios tan recogidos y apacibles para sentir la fe, considero que el mundo actual, que es en gran medida como un supermercado de la vanidad, el hedonismo más promiscuo imaginable, el egoísmo, el materialismo consumista, la indiferencia y el relativismo, ¿qué opinión tendrá del monacato de la Iglesia universal?


Asimismo, una Iglesia católica tan mundanizada, nepotista, políticamente correcta, y tan "deseada" por trepas, figurones, mediocres, arribistas, antinatalistas, mundanizantes, mediocres, desencarnados y burócratas, ¿cómo no se deja interpelar más por la gracia orante presente en los monasterios?


20 de agosto, 2013