miércoles, 17 de abril de 2013

"Fiel a la Iglesia católica, pese a todo: pese a mis muchos pecados y tentaciones, pese a los de la propia Iglesia (LXXIX)"

Este artículo del teólogo José María Castillo (se trata del titulado "El silencio de los obispos", publicado en Atrio en abril de 2012) nos pone en la senda de considerar cómo es la actuación de los obispos católicos de España ante la crisis...

En efecto: puede que los catorce obispos que aparecen en la fotografía que encabeza el post del citado teólogo (algunos prelados españoles apenas si se adivinan, detrás de otros que aparecen más en primer plano) sean excelentes personas, excelentes creyentes en Cristo y en su Iglesia universal. Sin embargo, la sola exquisitez de la que parecen rodearse, revestirse, investirse, a mí me sigue pareciendo que al común de los mortales no le puede fácilmente recordar la memoria de los Apóstoles -adrede con mayúscula inicial-: aquellos humildes pescadores de ribera, o jornaleros y, en todo caso, pertenecientes a las capas más sencillas de la sociedad.

Este es, me parece, el nudo gordiano de la cuestión disputada en el artículo del sacerdote católico José María Castillo; o lo que es lo mismo: no lo que los obispos sean, sino lo que aparentan ser -incluso, aunque no lo quieran aparentar-, esto es, la imagen de poder, de lejanía de las gentes comunes, de lejanía de las vicisitudes de las gentes del Pueblo que se afanan por buscarse la vida en medio del vendaval de esta crisis "sin trabajo ni comida ni casa seguras" -cosa que sí tienen por lo común los curas, como por condición o concesión de su propio modus vivendi clerical-. 

De manera que el teólogo Castillo, en efecto, se pregunta por el compromiso crítico y profético de los obispos españoles en todo este asunto de la crisis económica que sin piedad nos golpea, ahora que se intensifican los recortes en sanidad, en educación...

En otro orden de cosas, confieso que siempre me he manifestado en contra del aborto, si bien no he dejado de considerar que existen situaciones verdaderamente sangrantes, quiero decir, situaciones de tremendo conflicto moral y existencial en mujeres tentadas a abortar. De ahí que una primera tendencia mía haya sido, para todo esos casos de tremendo conflicto, la de tratar de comprender a la mujer tentada a abortar incluso al precio de justificar yo mismo el aborto en esas situaciones límite (pienso en el caso de niñas violadas y que se quedan en estado con 10 años, por ejemplo, u otros casos igual de dramáticos en mujeres ya de más edad). Pero no obstante como la postura oficial de la Iglesia católica es la de condena o rechazo sin paliativos ni fisuras ni eximentes de ninguna clase de todo aborto provocado...

Hoy día gracias a los avances técnicos, entre otros avances, podemos afirmar con total certeza, "científicamente", que el feto sufre la agresión que es el aborto. Sin embargo, sin intención alguna de legitimar o justificar el aborto provocado querría señalar que también científica y moralmente conocemos que un feto o nasciturus aunque sufre, siente y padece, y hasta se alegra "a su manera", al no tener conciencia ni memoria, al no tener historia personal (intrahistoria la llamaría D. Miguel de Unamuno)...

No es que por el hecho de que el feto o nasciturus en efecto sufra menos -por tener menos conciencia o no tenerla en absoluto, ni memoria ni historia personal alguna o intrahistoria- por lo que es legítimo establecer una especie de "baremo o medición del dolor" con que justificar la práctica del aborto, pero sí que es honesto, me parece, caer en la cuenta de cómo a menudo, desde la propia Iglesia católica, como bien afirmaría el propio José María Castillo, muchos obispos, clérigos y aun laicos de a pie muestran un muy enérgico rechazo del aborto, de todo lo que sea o suene a aborto -lo cual no es que me parezca mal, acaso sí excesivo en algunos de sus aspectos o postulados-, acompañado de una muy inferior preocupación por todo lo que también atenta contra la vida de la persona "ya nacida", ya instalada en este mundo nuestro tan lleno de injusticias. 

Me parece a mí.


"Fiel a la Iglesia católica, pese a todo: pese a mis muchos pecados y tentaciones, pese a los de la propia Iglesia (LXXVIII)"



De los 10 puntos del programa político Manifiesto para un Proyecto Constituyente en Cataluña, que han abanderado públicamente Arcadi Oliveres y Teresa Forcades, el único que me “chirría” un poco es el sexto (curiosamente el sexto, como el sexto mandamiento del decálogo…), por aquello de que del “derecho al propio cuerpo” pueda significar aceptación del aborto; los demás, me parecen completamente aceptables. Los asumo.
 
De modo que me gustaría que los que defenestran a la benedictina Teresa Forcades salieran ahora a la palestra y reconocieran esto tan elemental: Teresa Forcades es discípula de Cristo Jesús, mejor o peor, más entusiasmada o menos con el seguimiento del Resucitado (lo cual es asunto suyo), más heterodoxa o menos en su teología, pero sin duda no todo lo que hace, piensa, dice, siente y defiende es malo, rechazable, condenable; todo lo contrario: para muestra, un botón.

martes, 16 de abril de 2013

"Fiel a la Iglesia católica, pese a todo: pese a mis muchos pecados y tentaciones, pese a los de la propia Iglesia ((LXXVII)"



Creo que lo que define más y mejor al papa Francisco es algo que acaba de afirmar, a modo de exhortación, que es la manera expresiva propia de los papas (y obispos: en general, de los pastores de la Iglesia): “La incoherencia de vida de los fieles y de los pastores mina la credibilidad de la Iglesia”.
 
Coherencia de vida entre lo que se dice y lo que se hace, entre la fe que se profesa y la vida que se vive, entre el deseo de hacer obras, cosas, y los frutos del vivir. Porque salta a la vista que el papa Francisco es plenamente consciente de cuál es uno de los más graves problemas a que se enfrenta la Iglesia católica en la actualidad: su crisis de fe interna, la falta de credibilidad del testimonio de vida de muchos de sus hijos e hijas.
 
Buen día.

lunes, 15 de abril de 2013

"Fiel a la Iglesia católica, pese a todo: pese a mis muchos pecados y tentaciones, pese a los de la propia Iglesia (LXXVI)"


luiskanarioXXV

Docentes a menudo (¿o es siempre que sucede así?) puestos a dedo por el obispo de turno, en nada o en muy poco militantes, esto es, evangelizadores enamorados de Jesucristo y de su Iglesia, que es lo que la propia Iglesia pide a los docentes de Religión católica en la escuela pública... Y que es asimismo lo que pide a los educadores de la escuela católica, al profesorado de los centros teológicos católicos... y que muy pocos cumplen, a tenor del testimonio de sus vidas.


Qué pasada la "coherencia" de la Iglesia católica. Nunca se insistirá lo suficiente en que en efecto todos los fieles somos pecadores, salvo que no se trata de esto tan consubstancial a la condición humana; se trata de lo ignominioso de una Iglesia convertida en un auténtico coladero de trepas, arrivistas, figurones, mediocres, feministas antinatalistas, desencarnados y meros enchufados que pasan del Magisterio... y que empero viven en lo profesional gracias a la Iglesia católica.

Y lo peor, con todo o con ser ya grave lo denunciado, es que muy poco se puede hacer ante esto, salvo el pataleo, que además te llevará a ser repudiado por jerarcas y demás familia. Y a poder muy probablemente ser acusado de difamador, cátaro, odiador, envidioso, resentido, juzgador...

En fin, bendito sea Dios. Pero no puedo evitar una pregunta: si tal es el funcionamiento mayoritario de la Iglesia católica, al menos en España, ¿para qué tratar de ser fiel al Magisterio? Si alguno que otro obispo al que he pedido creo que muy razonable y muy evangélicamente ayuda ha pasado completamente de mí: como el sacerdote y el levita de la parábola del buen samaritano, me vieron apaleado en la cuneta del camino y pasaron de largo... Y no obstante así las cosas, ¿aún he de seguir tratando de ser fiel a ese Magisterio?

En fin, repito que bendito sea Dios.


"Fiel a la Iglesia católica, pese a todo: pese a mis muchos pecados e incoherencias, pese a los de la propia Iglesia (LXXV)"


luiskanarioXXV

Ante las quejas del cardenal Antonio María Rouco, en la última Plenaria de la Conferencia Episcopal española, coincidiendo con la visita oficial del presidente Rajoy al papa Francisco...

Los obispos, cardenal Rouco, también son culpables de la bajísima natalidad que hay en España, si bien ello no debe ser obstáculo que impida que usted lo lamente, parece ser, junto con lamentar la ley y la permisividad social hacia el divorcio, el aborto, el posible amparo legal de la eutanasia, el matrimonio homosexual... 

¿Que cómo y por qué ustedes son también responsables? Simplemente veamos el perfil o talante predominante de los seglares que, generalmente "a dedo" eligen ustedes, los obispos de turno, para las facultades teológicas católicas, para el profesorado docente de Religión católica en la escuela pública, o incluso para la escuela católica...



Se contaran con los dedos de la mano y sobrarían dedos los seglares que, "puestos eclesial y a menudo episcopalmente" en esos puestos de la Iglesia católica, viven con radicalidad y coherencia la enseñanza del Magisterio sobre el aborto, la natalidad, la familia, el compromiso por la justicia, la espiritualidad conyugal...

Hasta el extremo de que es tan hipócrita, patética y lamentablemente incoherente la realidad eclesial en ese particular que señalo, que si no fuera porque algunos eclesiásticos, en el colmo de la hipocresía, a mí me han jodido la vida (véase al respecto mi obra ¿La Iglesia católica? Sí; algunas consideraciones, por favor. Madrid, Vitruvio y Nostrum, noviembre, 2011; y también, algunas reflexiones contenidas en este mi blog), pasaría de ocuparme del asunto. Porque no tiene remedio además, puesto que los que sostienen que las cosas estén como están en la Iglesia católica, no parecen tener especial interés en arreglar  el desaguisado.

De ahí asimismo que no pocas personas ya superquemadas de la Iglesia hayan acabado pasando de esta, pues aprecian en la llamada Esposa de Cristo altos niveles contaminantes de farsa, hipocresía, montaje, o servilismo a intereses mundanos y nepotistas.

Otros, decepcionados por lo que ven abundante en la Iglesia, se preguntarán, sin duda, para qué vale tratar de ser fiel al Magisterio, si resulta que una mayoría de fieles católicos de ambos sexos que viven en lo profesional gracias a la Iglesia, pasan de aspectos fundamentales de su Magisterio. O para qué tratar de formar hogares cristianos generosamente abiertos a la vida, solidarios y conyugalmente espirituales, si resulta que se cuentan con los dedos de la mano y aun sobran dedos los matrimonios formados por bautizados católicos que manifiestan vivir con entusiasmo el ideal de familia cristiana...

Pero en fin, ¿algún obispo podría ofrecerme una respuesta satisfactoria a todas estas perplejidades mías? ¿Algún obispo podría decirme por qué a mí, que abandoné un trabajo, por iluso y por imprudente, al entrar en el Seminario Diocesano de Canarias en el año 2001, luego tras 9 años de pedir insistentemente auxilio, audiencia, ayuda, SOS, atención, una mano, algo, a las autoridades de la Diócesis de Canarias, todas esas autoridades sin excepción han pasado de mí, humillantemente? ¿Alguien podría explicarme por qué? Creo en la Iglesia universal, con ella, cum Petro et sub Petro, creo en el matrimonio cristiano militante (una de las causas o razones, entiendo, de no haberme podido casar: es muy improbable encontrar hoy día en España mujeres jóvenes dispuestas a tener más de dos hijos, y dispuestas a ser solidarias y de verdad discípulas de Cristo, aunque sé sobradamente que aún quedan, escasas, sí, pero quedan); y empero, no he merecido más que desprecio por parte de las autoridades de la Diócesis de Canarias, en tanto ahora escucho y leo las quejas del señor cardenal Rouco y...

En fin, ¿para qué continuar con la misma cantinela de siempre...? El desprecio con el que eclesiásticamente se me ha tratado lo siento tan perverso, tan cínico, tan canallesco, que me produjera risa si no fuera aún muy jodidamente condicionante.



sábado, 13 de abril de 2013

"Fiel a la Iglesia católica, pese a todo: pese a mis muchos pecados y tentaciones, pese a los de la propia Iglesia (LXXIV)"



El papa Bergoglio-Francisco (empleo la expresión del argentino Sergio Zalba en su artículo que nos convoca), a los miembros de la Comisión Bíblica Internacional presidida por el arzobispo G.L. Müller les agradeció su labor de profundización en la Palabra, también llamada Divina Revelación, Biblia, Sagradas Escrituras.
 
Y no quiso perder ocasión de recordarles, precisamente a los miembros presentes de tan importante dicasterio (no estoy seguro de que propiamente lo sea, pero para los efectos es lo mismo), lo específico católico de la recepción de las Sagradas Escrituras: estas se reciben y sancionan y validan o legitiman desde la Tradición viva de la Iglesia, y desde el Magisterio, del que el Papa es el principal garante. En esto, los católicos se diferencian radicalmente de los cristianos hijos de la Reforma, y aun de los cristianos seguidores de la Ortodoxia, que si bien cuentan con buena parte de la Tradición común con la Iglesia católica romana, y ni que decir que con ese lugar teológico fundante que son las Sagradas Escrituras, no cuentan con un magisterio a la manera del Magisterio católico.
 
De modo que yo lo que sigo apreciando es que el papa Francisco está abriendo la vía de una reforma en la Iglesia universal, no desde la ruptura con la Tradición y el Magisterio -se da por ello que no puede haberla con la Palabra de Dios-, sino desde la fidelidad a ambas.
 
Ciertamente (véase al respecto la Dei Verbum del Concilio Vaticano II), para la Iglesia católica la Palabra de Dios no queda exclusivamente contenida en un libro (la Biblia). Empleando una terminología propia del lenguaje cinematográfico, diríamos que en una especie de “fuera de campo” con respecto a las Sagradas Escrituras se encuentran la Tradición y el Magisterio, “trípode” donde acontece el misterio de la fe y su concreción doctrinal sin oposición entre uno y otro lugar teológico.
 
Buen sábado.

"Fiel a la Iglesia católica, pese a todo: pese a mis propios pecados y tentaciones, pese a los de la propia Iglesia (LXXIII)"



Creo que los países iberoamericanos más "europeizados" son Uruguay y Argentina; esto es, los más secularizados, los más alejados, así pues, de las raíces tradicional y secularmente católicas tan propias de aquel continente hermano y a la vez hijo de España. Quizá por ello ambos son pioneros, en toda Hispanoamérica, de "avances" sociales en derechos civiles: ley del divorcio, reconocimiento del llamado matrimonio homosexual, aceptación del aborto...

El tercero en discordia parece ser Chile: el largo país andino (largo en longitud, estrecho en anchura) no parece tan europeizado como Uruguay o Argentina (aunque en índice de desarrollo humano está un punto por encima, es el país más avanzado de toda América Latina), pero tampoco tan tradicionalmente latino como el resto del continente.

Ergo, lo más lógico es que Chile también se abra a las "novedades" de la postmodernidad, propia de las modernas sociedades democráticas y secularizadas. Lo cual sería una pena, pues el hecho de abortar suele ser un drama para la mujer que aborta, ciertamente, pero es sobre todo el asesinato de una criatura inocente y que debe ser respetada en el más elemental de los derechos: el derecho a la vida.

Con mucha frecuencia, los defensores del aborto, so pretexto de defender los derechos de la madre -que son muy legítimos, sin duda-, se olvidan del derecho elemental de la criatura que quiere nacer y que tiene todo el derecho del mundo a nacer..

"Fiel a la Iglesia católica, pese a todo: pese a mis muchos pecados y tentaciones, pese a los de la propia Iglesia (LXXII)"



En su discurso a la Pontificia Comisión Bíblica, presidida por el arzobispo G.L. Müller, el papa Francisco no hace sino recordar cuáles son las "tres patas" axiales o puntales de la fe cristiana según la ha entendido desde siempre la Iglesia católica. Así, la Tradición (apostólica), que antecede incluso a la Sagrada Escritura y la acoge, la sanciona como válida (operación de "falsación", según la terminología del filósofo Popper, que en rigor o justicia no pueden acometer los cristianos protestantes, pues estos carecen de esa Tradición), la Sagrada Escritura, el Magisterio.

Las tres se iluminan recíprocamente. Son "lugares teológicos" en los que acontece el misterio de la fe. Lugares teológicos a la vez iluminados por otros lugares teológicos "auxiliares": los sínodos, las grandes corrientes de espiritualidad, el testimonio de los santos, la razón, el diálogo con la cultura...

Saludos. Buen día.

"Fiel a la Iglesia católica, pese a todo: pese a mis muchos pecados y tentaciones, pese a los de la propia Iglesia (LXXI)"



Javier Renobales:

Buenos días. Me quedo con tu “Me piro al monte, a caminar por la nieve todo el día, si el cuerpo aguanta, a encontrarme con la madre naturaleza, y olvidarme un poco de tanta farsa”. El subrayado es mío sobre tu texto. Y lo subrayo porque te refieres a la farsa de la Iglesia católica.


Sabes que discrepo de ti en la valoración “global” de la Iglesia universal, en la fidelidad al Magisterio -que a ti te chirría-, en definitiva, en el meollo mismo del misterio de la fe. También, como consecuencia de todo lo anterior discrepo en esto: estoy convencido de que un número considerable de católicos, cuya cifra exacta solo puede conocer Dios, va por la vida y por la Iglesia católica de manera entusiasta, honesta, servicial, solidaria, justa, fraterna, idealista, auténtica. Y sin embargo, a lo que iba: mucho en la Iglesia católica actual parece en efecto mera apariencia, teatro, farsa, repetición mecánica de gestos, rúbricas, ritos… Y según mi diagnóstico y sensibilidad, presidido todo por la hipocresía.

Los lectores y foristas de Atrio reconozco que deben estar echando pestes conmigo porque de forma reiterada, acaso obsesiva, confieso en este portal mis cuitas y desencuentros con la Iglesia católica, de la que empero me sigo considerando hijo, más o menos pródigo. Pero el caso es que expongo todo ese rollo porque mi herida sigue sangrando y porque estoy de acuerdo contigo en esto, Javier: muchas movidas e iniciativas y actuaciones y actitudes eclesiásticas son tremendamente falsas.

A nadie más que a mí le importa tanto esto que diré una vez más, pero es que es así, es una verdad como un templo: a las autoridades eclesiásticas a las que he pedido durante 9 años de mi vida una ayuda, un SOS, un palabra de auxilio, apoyo, consuelo, habiendo obtenido solo indiferencia, rechazo, difamación y desprecio, les importa un bledo mi vida, mi suerte o no suerte en la vida, mi éxito o fracaso en la vida. Desde luego, es lo que me han demostrado con su actitud.

Pues bien: yendo más allá de mi experiencia personal siempre sangrante, supurante, conozco otros varios casos similares o aun más graves: personas verdaderamente “machacadas” por el rigor hipócrita de una institución que a menudo parece más atenta a sus muchos entendimientos con los intereses mundanos que atenta a la fidelidad debida al Evangelio, en el que se nos cuenta que Jesús trataba de amar a todas las personas que venían a él, trataba de consolarlas, curarlas, rehabilitarlas.

Muy al contrario de eso que hacía Jesús de Nazaret según los Evangelios, las autoridades de la Iglesia católica (preferentemente las de mi diócesis de origen, pero también de otras diócesis españolas: como que un conocido mío un poco “hiperbólico o alucinado” me asegura que desde la Diócesis de Canarias han notificado al resto de diócesis españolas que a mí, ni agua; me parece demasiado maquiavélico que haya podido ser así, pero cualquiera sabe si… ) a las que insistentemente he pedido ayuda para “rehacer lo maltrecho de mi vida”, luego de mi paso por el Seminario y de mis entiendo que generosas renuncias por la causa, han pasado olímpicamente de mí. A lo cual llamo yo hipocresía.

Por eso mismo creo que nada sustancial va a cambiar con el papa Francisco, con independencia de que él desee reformar la Iglesia e impulsar la nueva evangelización, que seguro que sí lo desea de buena fe, de “buena onda”, que dicen en Hispanoamérica.

Nada más, buen día de campo. (Los foristas y lectores de Atrio acabarán hartos de mí, si no lo están ya: de nuevo rumio mis cuitas con la Iglesia.)

"Fiel a la Iglesia católica, pese a todo: pese a mis muchos pecados y tentaciones, pese a los de la propia Iglesia (LXX)"



Javier:
 
Si en la Iglesia hubiese 12 discípulos del Resucitado del talante de Francisco de Asís…
 
La anterior es una paráfrasis o parafraseo de un conocido pensamiento del revolucionario marxista ruso Lenin: “Con 12 hombres como Francisco de Asís haríamos una estupenda revolución”.
 
No cabe duda de que Francisco de Asís -según el muy agudo psicólogo Nietzsche, el mejor discípulo de Jesús de Nazaret, que ya es mucho decir- fue un hombre, o sea, mortal, esto es, pecador. Pero en comparación con lo que hoy abunda en la Iglesia católica, amigo Javier -incluyéndome a mí, claro, que soy mediocre y pecador, a la vez que un puteado por la hipocresía miserable y canallesca eclesial-, claro que harían falta no digo 12 del talante de Francisco de Asís, serían bienvenidos miles, cientos de miles.
 
Sin duda, para mí sigue habiendo gente buena en la Iglesia católica: noble, honesta, solidaria, fraterna, justa, compasiva, magnífica gente. Junto a jetas de la peor ralea que hasta van de buenos solidarios por la vida, y por la Iglesia, tratando de chupar cámara, micrófono, voz y voto, protagonismo… Sin ser pobres, sin haber sufrido con los pobres, sin haber trabajado con algunos de esos pobres y marginados en el mundo obrero, participan en congresos, cursillos, ponencias y movidas en que incluso roban el protagonismo a los pobres… Que me lo roben a mí, el protagonismo que me debiera corresponder  -a mí que, aunque he compartido de múltiples maneras el modus vivendi y las penurias de los pobres, no soy propiamente un pobre-, pero que les roben el protagonismo incluso a los pobres, usurpándoles la voz, el protagonismo que les es propio…
 
Tú lo podrás creer o no, Javier -y otros que me lean-, pero la Iglesia católica está llena de jetas así. Repito que en ella hay gente muy buena, muy idealista, muy auténtica, muy noble (en todos los estamentos, en todos los estados de vida, en todas partes del orbe), pero también creo que hay cada jeta… Alguno que otro de esos jetas, sé que me han difamado y desollado vivo a mí, con el resultado de que la propia Iglesia católica por iniciativa de pastores y responsables me han puesto la puntilla… Pero aunque muy jodido para mí el asunto, lo que más importancia debería suscitar en la Iglesia católica es la presencia de todos esos jetas que viven a costa de la Iglesia sin servirla como ella teóricamente afirma que quiere ser servida.
 
Y desde luego, no es una cuestión de ser o no pecadores, de ser o no frágiles, falibles (todos y todas lo somos, en mayor o menor medida), sino que es cuestión de tener o no la caradura de vivir a costa de la Iglesia sin servir al Reino.
 
Solo que como ya he tenido ocasión de reconocer en este mismo portal, cuando te pronuncias como yo me pronuncio enseguida saltan a tu yugular: no juzgues, no siembres cizaña, paciencia, Dios te ama, el Espíritu sopla, la Iglesia somos todos, ya verás los cambios… Y así casi todo permanece igual.
 
De modo que por todo ello te doy la razón en esto muy concreto, Javier -o estoy tentado a dártela-: en vista de la abrumadora hipocresía eclesial imperante, nadar en la Iglesia sin guardar la ropa es muy arriesgado. Te puedes quedar con el culo al aire, incluso en pelota picada, y no precisamente muerto sino vivito y coleando, y entonces es muy probable que no vengan Franciscos a cubrirte tu desnudez ni tus necesidades.
 
Buen fin de semana.

"Fiel a la Iglesia católica, pese a todo: pese a mis muchos pecados y tentaciones, pese a los de la propia Iglesia (LXIX)"



No cabe duda de que en la Iglesia universal, a imitación de Francisco, el Poverello, el santo de Asís, innúmeros poverellos comparten la suerte de los pobres, haciéndose pobres con los pobres. Hombres y mujeres en verdad solidarios, fraternos, compasivos, cercanos, misericordiosos.

Sin embargo, sospecho que en la Iglesia católica, al menos en España -acaso también en Europa-, también se practica excesivamente el tanto tienes, tanto vales. A menudo bajo la forma del “tantas charlas y cursillitos das sobre los pobres, señal de que compartes la suerte de los pobres, solidariamente”.
Y no siempre es así. Que conozco a algunos de tales “solidarios” eclesiales que mucho hablan de los pobres, de solidaridad, de pasión por la justicia del Reino de Dios y bla bla bla, y resulta que no conocen lo que es sufrir el drama del paro, el drama de la precariedad económica, lo agridulce de la economía sumergida, la experiencia del peonaje en la construcción al servicio de “macarras” (exdrogatas, exladrones, extraficantes de droga, expresidiarios…)…
Así pues, ¿desde dónde hablan algunos de esos teóricos de la solidaridad y la pasión por la justicia del Reino? Algunos de esos que creo conocer, teóricos de la solidaridad, expertos eclesiales en solidaridad, y que no me consta que hayan bajado jamás “a los infiernos” o suburbios de nuestra sociedad, es que encima de que viven, profesionalmente hablando, gracias a la Iglesia católica, con sus charlitas y cursillitos por aquí y por allá, luego pasan de aspectos nucleares de la doctrina de la Iglesia a la que dicen servir y defender, existencialmente pasan, o la adaptan a su conveniencia.
Me parece conocer a bastantes individuos eclesiales que se comportan así. Los cuales no van a desaparecer ahora que es el cardenal Jorge Mario Bergoglio nuestro flamante y esperanzador papa Francisco, tan espiritual, austero, sencillo, ignaciano y franciscano él.
Yo -de nuevo pido perdón por autocitarme en Atrio, pero es que si no me cito yo mismo, quién lo hará- sí puedo presumir de haber descendido a los infiernos de la economía sumergida, el paro, la precariedad laboral y económica, la marginación social lindante con la delincuencia, el trabajo obrero, el trato con amigos y conocidos que ya por causa de la crisis hay días en que ni comen, y empero a mí nunca jamás nadie responsable de mi entorno católico se digna ni preguntarme siquiera por algo que tenga que ver con esas cuestiones de marginación social y de solidaridad con los pobres y de trabajo precario de las que, en primera persona casi siempre, creo haber aprendido algo.
Todo lo contrario, insisto: un día sí y otro también me parece asistir al curioso espectáculo de ver cómo toman todo el protagonismo del mundo, en ámbitos eclesiales y sociales, personajes que yo denomino o califico como solidarios de pacotilla -ellos, a su vez, obvio es, me suelen acusar a mí de odiador, juzgador, resentido, envidioso, calumniador, fanático, cátaro…-, que predican lo que predican viviendo como viven, y que aseguran amar a la Iglesia y que comparten la suerte de los obreros con los cuales resulta que jamás de los jamases han trabajado “in situ”, conociendo así lo que es la economía sumergida, la precariedad laboral…
Me parece alucinante la cosa. Triste, o patética, a pesar de que mi ánimo está ahora sereno, tal vez gracias a las hermosas versiones de piezas magistrales del Dark Side of the Moon de Pink Floyd que ha estado emitiendo de 13 a 14 horas el programa de Radio3 Discópolis.


viernes, 12 de abril de 2013

"Fiel a la Iglesia católica, pese a todo: pese a mis muchos pecados y tentaciones, pese a los de la propia Iglesia (LXVIII)")"


doramas de luis

Ernesto Cardenal:



Eres hermano mayor en el seguimiento del Resucitado, y benemérito poeta, activista social, marxista aún (extrañamente, a mi juicio), luchador revolucionario -aunque desde la generosidad de tu entrega, no todo por lo que luchaste fue justo, cristiano, noble y bueno-, pero en lo que dices del papa Francisco no llevas mucha razón.

El Papa, pecador como tú y como yo (o más o menos, da igual ahora para el caso), no es un ideólogo de esa Iglesia "marxistizada": si sigue al Poverello desde su condición de jesuita pero sobre todo de obispo de Roma, es porque es un hombre de oración, de intensa vida espiritual, de sacramentos, de situar a Cristo en el centro, y no al Che, pongamos.

Una Iglesia de falsos progresistas, de arrivistas, de desencarnados, de feministas antinatalistas, de burócratas, de trepas, de figurones y de enchufados de mentalidad funcionarial, confío en que no sea la Iglesia con la que sueña el papa Francisco.

Saludos en Cristo, Ernesto Cardenal.


jueves, 11 de abril de 2013

"Perseverar en la fe cristiana en un mundo de increencia"



Rodrigo Olvera:

Puede ser como tú dices, puesto que mis conocimientos de teología y de historia de la Iglesia y de evolución de los dogmas, etcétera, no son tan extensos ni profundos. Por eso afirmo lo que afirmo desde la realidad de mis conocimientos al respecto y desde mi historia personal (intrahistoria la llamaría D. Miguel de Unamuno, ese sabio de obra literaria que es fuente inagotable de sugerencias), siempre revisables y mejorables.

Tenía entendido -lo sigo teniendo- que la dogmática de la Iglesia católica, que es el tesoro que custodia el Magisterio, no ha sufrido sustanciales modificaciones capaces de contradecir la esencia dogmática de la fe. En lo tocante a usos y costumbres, a modas derivadas de la disciplina eclesiástica, a afirmaciones científicas erradas, y por supuesto a innúmeras actuaciones pastorales y malas acciones de todo tipo, la Iglesia universal ha errado muchísimo.

Pero por ejemplo en la Resurrección siempre ha creído la Iglesia universal. Y en el valor salvífico de la muerte de Cristo. Y en la gracia operante de los sacramentos. Y en que los obispos han de confirmarnos en la fe cristiana. Y en que María fue siempre Virgen -por más que algunos autores ,orientales sobre todo, supusieran que José su esposo pudo ser viudo, y por más que algunas sectas de la primera hora cristiana ya plantearan que María tuvo más hijos, particular que también defienden casi todos los cristianos protestantes-. Etcétera.

En todo esto creo yo, ¿ingenuo de mí? Tal vez, podría ser, pero es así. Por eso soy católico y hablo de fidelidad al Magisterio. Aunque no creas que me resulta fácil, Rodrigo, para nada. Por ejemplo, analizo muchas costumbres de la gente joven, de la gente con la que me muevo (el pansexualismo parece invadirlo todo), y no puedo sino plantearme qué sentido puede tener la castidad. Uno lee el Catecismo de la Iglesia católica, aprobado durante el pontificado del ya beato Juan Pablo II, y compara su contenido, la exposición integral de la fe católica, con lo que impera en esta sociedad española, y desde luego lo mínimo que experimenta es asombro.

Y una permanente duda o perplejidad: si la gran mayoría de la gente joven, pongamos, pasa de la doctrina de la Iglesia (en cuestiones laborales o profesionales, morales, familiares, afectivas, sexuales, económicas…), ¿qué sentido tiene no pasar de la doctrina de la Iglesia católica? Y pareja o anexa a esta perplejidad primera, otra: ¿Es posible vivir de otra manera hoy por hoy? ¿Es posible ser solidario y a la vez casto? ¿Es posible creer en la fe de la Iglesia sobre la Virgen María y a la vez tratar de ser una persona honesta, de buenas intenciones, de buenos principios? ¿Es posible creer en la buena intención del papa Francisco y a la vez pasar por la vida tratando de ser buena persona, tratando de hacer el bien, tratando de no robar, mentir, odiar, fornicar, maldecir, hacer daño al prójimo…?

Mis dudas o perplejidades no son nada baladíes -perdóneseme la inmodestia, si se me juzga como tal-, puesto que me parece que son el gran reto que los tiempos actuales neopaganos, materialistas y nihilistas a tope le están proponiendo a la Iglesia universal. Con otras palabras: en un mundo en el que abundan el desamor, el egoísmo, el materialismo, el hedonismo, la promiscuidad, la mentira, la indiferencia hacia el grito y el dolor del otro, y mil y una formas más de idolatría, ¿de verdad es posible vivir de otra manera? Y sobre todo, ¿de verdad tiene sentido tratar de vivir en fidelidad al Evangelio, en fidelidad al Magisterio?

Buen día.

"Se llamaba José Luis Sampedro"



                                         In memoriam

Cuando muere un humanista laico (ateo, agnóstico,  librepensador, tal el caso de José Luis Sampedro),  indefectiblemente me da por considerar el asunto escatológico y soteriológico de la salvación.


José Luis Sampedro siempre fue muy crítico con la Iglesia católica, y con las religiones en general. No fue lo que se dice un hombre religioso, pero sí que fue un impenitente humanista, un hombre solidario y justo, insobornablemente honesto, sensible y polifacético. Un hombre de saber enciclopédico y de espíritu humanista.


Pero según la fe de Iglesia católica, que durante siglos proclamó aquello tan rígido de extra ecclesia, nulla salutis, ¿cómo hemos de entender las condiciones reales de salvación para una persona como José Luis Sampedro? En teoría, la doctrina de la Iglesia desaprobaría muchas de las actitudes, comportamientos y convicciones librepensadoras de un hombre de la talla intelectual de José Luis Sampedro; sin embargo, a mí al menos me cuesta creer que Dios le vaya a cerrar las puertas de la salvación eterna a un señor que, aunque negador de las verdades dogmáticas de la fe cristiana, pasó por este mundo tratando de contribuir a hacerlo más habitable por acogedoramente humano, justo, pacífico y solidario.


Así que descanse en paz el polifacético José Luis Sampedro, de quien tengo ahora en mis manos, ahora que termino esta breve crónica, su Cuarteto para un solista (Plaza & Janés), escrito en colaboración con su amada Olga, la última de sus compañeras  de vida.

martes, 9 de abril de 2013

"Fiel a la Iglesia católica, pese a todo: pese a mis muchos pecados y tentaciones, pese a los de la propia Iglesia (LXVII)"



Rodrigo Olvera:
 
Si es así como tú dices, estoy de acuerdo contigo.
 
Es más: el papa Pío IX, que es santo, fue el último Papa monarca en firmar sentencias de muerte, si no fallan mis datos. Lo cual es una monstruosidad, se mire por donde se mire y a pesar del “respeto histórico” a la mentalidad de la época.
 
El problema de la aceptación del Magisterio es complejo; más bien creo que lo que quiero dar a entender es que en mí existe una suerte de predisposición (buena voluntad, sintonía, “buen rollo”, dirían los jóvenes de hoy día) a creer con el Magisterio, cum Petro et sub Petro, lo cual no está exento de dificultades y perplejidades, ciertamente, pues considero que la comunidad católica latina, o sea, la Iglesia católica que secularmente conocemos en España (lo he reconocido en Atrio de mil maneras y en otras tantas ocasiones), no es solo santa y buena y justa y testimonial y y noble, sino que es pródiga en comportamientos hipócritas, inhumanos, cínicos, canallescos y hasta miserables (como ven, no ahorro calificativos, con lo cual reconozco que me lloverán a mí también las descalificaciones).
 
Nada más. Saludos.

"Fiel a la Iglesia católica, pese a todo: pese a mis muchos pecados y tentaciones, pese a los de la propia Iglesia (LXVI)"


Javier:
 

Un fallo técnico de mi portátil, que a menudo se comporta como un cacharro el pobre, además de que su dueño no es precisamente un experto en manejos informáticos, borró una respuesta que había preparado al efecto.
 
Ni que confesar que no soy experto en la obra de Giordano Bruno; tampoco, en conocer al pormenor el caso de su conflicto con la Iglesia católica, controversia mortal pues le supuso ser quemado en la hoguera.  Lo cual es lo que me jode, ciertamente: no es poca verdad que hay que situarse en la mentalidad de la época, en plena Cristiandad de Occidente aún pero “amenzada” ya por los aires de la Reforma, y situarse por ende en una sociedad incapaz de reconocer los derechos humanos, las libertades civiles, la libertad de conciencia… Todo esto es cierto pero amigo, la santa madre Iglesia utilizaba entonces, y los utilizó hasta bien entrado el siglo XIX, unos métodos represivos, coercitivos, punitivos…
 
La Iglesia católica al parecer no ha rehabilitado del todo al exdominico italiano, cuyo pensamiento sigue considerando errático, heterodoxo y hasta no poco herético. Por panteísta y racionalista sobre todo, y por cuestionar también la autoridad de la Iglesia. Con todo, creo que sí ha reconocido al menos que los métodos que usó en aquel entonces para “llamar a capítulo o al orden” al exfraile italiano, no fueron precisamente los más humanos por evangélicos.
 
Nada más. Buen día.