martes, 9 de abril de 2013

"Un vistazo a la España actual"



Con su característico estilo periodístico que mezcla la ironía con el sarcasmo y la caricatura no raramente con el insulto o la descalificación personal, el periodista Federico Jiménez Losantos se muestra crítico, como bien se sabe en un medio como Atrio, con el PSOE, con las izquierdas, con los sindicatos, con los movimientos sociales, con los nacionalismos… y con la Casa Real española.
 
Llevo días despertándome con él, ejem, con su emisora, porque hasta hace un par de días no me había percatado de que en el punto del dial radiofónico donde emitía la desaparecida ABC Punto Radio Radio Las Palmas, se escucha ahora EsRadio Radio Las Palmas. El polémico Federico es el alma máter de EsRadio y de Libertad Digital, órganos de expresión que yo mismo reconozco se encuentran en las antípodas de un portal como este.
 
Pero a lo que iba: Federico Jiménez Losantos es tan crítico con la Monarquía española que cabe conjeturar que no es precisamente monárquico; de no serlo, sería algo así como un liberal republicano (para algunos, ultraliberal). Pero ¿es esto posible? De todas formas, “a lo que iba”: para Federico Jiménez, el rey Juan Carlos luego del fallido Golpe de Estado de Tejero (según el periodista, Tejero puso la cara a un complot organizado por cerebros como el del muy monárquico general Milán del Bosch) no ha hecho más que “engordar su suculenta cuenta corriente y ocuparse de sus novias”.
 
Igual mañana por la mañana -en que creo que ya no lo escucharé, pues me gusta despestarme con distintas emisoras-, cambia de opinión, pero esta mañana es lo que ha dicho. Entonces, si su opinión hiperbólica y siempre caricaturesca encierra empero notables dosis de verdad, ¿para qué queremos en España la Monarquía? Y si no es verdad lo que ha dicho, no le pasará nada, pues igual la libertad de expresión amparada en la Constitución española lo protege, y además él ya está acostumbrado a denuncias por lo que opina y por la forma como opina.
 
Buen día.

"Fiel a la Iglesia católica, pese a todo: pese a mis muchos pecados y tentaciones, pese a los de la propia Iglesia (LXVI)"



Muy cierto el "fondo" de lo que afirmas: entre tanto técnico o técnica de Cáritas, entre tanto educador de la escuela católica, entre tanto docente de Teología en facultades católicas, entre tanto docente de Religión católica en la escuela pública, entre tanto joven voluntario católico de organizaciones civiles, confesionales o "militares", encontrar a uno que se plantee con radicalidad las exigencias de la fe cristiana en fidelidal al Evangelio y al Magisterio...

No hay más que ver el "jaez" de las familias jóvenes formadas por bautizados católicos. ¿Cuántas las hay en verdad militantes? ¿Cuántas han estado abiertas generosamente a la vida, según exhorta la propia doctrina de la Iglesia?

Yo me imagino que los pastores de la Iglesia todo esto lo ven. Pero ¿y qué hacen entonces, aparte de "putear" a ilusos como yo que fueron en su momento idealistas e ingenuos hasta el extremo de renunciar a una chica amada, a un trabajo y a un estupendo puesto en las listas de la Consejería de Educación del Gobierno de Canarias, todo para ingresar al Seminario Diocesano de Canarias?

A mí lo que me extraña, "bloger", no solo es el comprobar cómo está la cosa en la sociedad española actual, sino también el tomar conciencia de que a pesar de todo el derrumbe de la Iglesia católica, aún hay jóvenes que perseveran en la fe cristiana.

Todo un misterio, desde luego.

"Fiel a la Iglesia católica, pese a todo: pese a mis propios pecados y tentaciones, pese a los de la propia Iglesia (LXV)"



Javier Renobales:
 
Por alusiones, como suele decirse, te respondo; antes, agradezco que me tengas presente entre los que, como el ilustre sacerdote y tocayo mío Luis G. Morán, se manifiestan como deseosos de fidelidad al Magisterio.
 
Es verdad: me siento impelido o exhortado a ser fiel a ese Magisterio, cuya doctrina no exhorta precisamente a aplaudir el fatal desenlace que hubo en su tiempo con Giordano Bruno, sino más bien a lamentarlo. De todas formas, en mi primer comentario a este artículo o post ya dejé caer la perplejidad que sigo manteniendo con respecto a lo que entiendo que es una secular actuación de las autoridades eclesiales católicas en claves de fanatismo, autoritarismo, voluntad de exclusión, hipocresía y hasta cinismo.
 
El asunto es complejo. Porque además no todas las verdades del Magisterio están al mismo nivel: hay una jerarquía de verdades, en la Sagrada Escritura, en la Tradición, en el propio Magisterio. De manera que no es obviamente lo mismo la aceptación del dato de la Revelación, que el papa Francisco ha querido reafirmar que es un hecho histórico, que el “dato” sobre el mal obrar de las autoridades de la Iglesia en un determinado momento histórico con el caso de la condena a Giordano Bruno. Sin duda, el modo de obrar con el exdominico italiano fue cruel, indigno de seguidores del Resucitado. Pero ello tampoco ha de reconocerse al precio de validar a toda costa el pensamiento del pensador italiano, quiero decir, al precio de pretender cristianizar aunque sea con calzador su pensamiento ciertamente heterodoxo y aun herético.
 
Naturalmente, lo que se deduce de todo esto es la forma como habría que gestionar el pensamiento heterodoxo, librepensador: desde el diálogo, el respeto, el enriquecimiento mutuo, la búsqueda compartida de la verdad, puesto que esta, la verdad, se irá abriendo paso, ya sea con lentitud, con dolores de parto.
 
Buen día.

"Fiel a la Iglesia católica, pese a todo: pese a mis muchos pecados y tentaciones, pese a los de la propia Iglesia (LXIV)"



De todas formas, José María Castillo, el papa Francisco, aparte de esos gestos de sencillez, modestia, austera espiritualidad, simplificación litúrgica y de ornamentos (ciertamente, como bien reconocemos tú mismo en este artículo de Atrio, distinguido teólogo que eres, José María Castillo, en general muy poco valorados y hasta muy mal vistos por los más tradicionalistas, tridentinos y lefevrianos), se ha pronunciado claramente sobre la realidad del pecado, tan presente en nuestro mundo. Frente al pecado, el Papa está ofreciendo, en sus predicaciones, en sus homilías, en sus catequesis, la vía del arrepentimiento y el perdón. 

Y ha hablado incluso, durante la pasada Semana Santa, de la necesidad de mantener abiertas las iglesias y encendidas las luces de los confesionarios, para estimular a que la gente se confiese. (Al parecer, según testimonios de algunas estadísticas urgentemente hechas, según el testimonio personal de algunos sacerdotes italianos sobre todo, ha aumentado significativamente el número de “penitentes” o confesantes en esta recién pasada Semana Santa.)

Asimismo, el papa Francisco ha advertido sobre los peligros que para la fe comporta el pactar con lo mundano, porque mundanizar la fe, sostiene el Papa, conlleva el riesgo de apostatar, de enfriar la fe, de volver sosa la sal capaz de salar el mundo. En este sentido y no al margen de ese gesto de lavar los pies a dos chicas en la misa del pasado Jueves Santo, una de ellas al parecer musulmana, el papa Francisco se ha manifestado como exquisitamente cristológico y eclesial, perfectamente en sintonía con lo mejor de la Tradición de la Iglesia. Hasta el extremo de que en una de sus catequesis quiso recordarnos que la Resurrección es un hecho histórico.

Por último, por más que pueda reputarse de aseveración “políticamente incorrecta” el papa Francisco no ha dudado en señalar la presencia del Maligno, también llamado Demonio, Satanás, o Inicuo, en el mundo y hasta en la Iglesia universal, obrando en la Iglesia universal.

Desde luego, lo que ha dicho en apenas un mes de pontificado es todo un programa de vida cristiana, de renovación de la Iglesia, de reforma personal y comunitaria eclesial, en la línea de continuar con lo mejor de la gran Tradición de la Iglesia.


lunes, 8 de abril de 2013

"Fiel a la Iglesia católica, pese a todo: pese a mis muchos pecados y tentaciones, pese a los de la propia Iglesia (LXIII)"


Sí, Javier:


Me quedan como 100 reflexiones pendientes de corregir, de temas muy diversos, y ya he explotado bastante el filón de la queja. En Atrio, en artículos diseminados por Internet y en mi propio blog. Hasta el punto de que los interesados en escuchar mis razones y mis quejas pueden fácilmente tener acceso a mis escritos, peor o mejor urdidos, y en cualquier caso nunca tan bien escritos como los escritos de D. Mario Vargas Llosa, bendita sea su pluma literaria.

La actualidad y mi propia salud exigen cambiar de guion. Y además la impotencia, lo confieso: por más que patalees nada vas a conseguir, nada, pues ya los hipócritas eclesiásticos que desde un principio sentenciaron pasar de mí, me la tienen jurada: "A ese, ni agua".

Así que también bendito sea el Hermano Humor, que diría Francisco de Asís.


"Fiel a la Iglesia católica, pese a todo: pese a mis muchos pecados y tentaciones, pese a los de la propia Iglesia (LXII)"



Para alimentar la reflexión que propone el artículo o post “¿Monarquía o República? Una reflexión”, de Eloy Esorna, tal vez pueda ser útil el último cuadernillo de Cristianismo y Justicia que he recibido: León Tolstoi, un profética político y evangélico (nº 183, marzo, 2013)De Antoni Blanch, sj., profesor emérito de Literatura Comparada de la Universidad Pontificia Comillas.


Lo apunto porque es bien conocida la trayectoria de León Tolstoi: de origen aristocrático en la Rusia aún zarista y medieval feudal, conde, nada menos, pasó, por ideales de solidaridad con los pobres, en una mezcla de cristianismo y de anarquismo, a despojarse de todos esos títulos de grandeza. Mientras que en España, más papistas que el Papa que somos, vamos a seguir viendo cómo no pocos medios de comunicación seguirán en la defensa de la Familia Real, de la Monarquía, en tanto aumentan los desahucios, los parados, los excluidos, los desesperados…

Buen día.


"Fiel a la Iglesia católica, pese a todo: pese a mis muchos pecados y tentaciones, pese a los de la propia Iglesia (XLI)"




La lectura de este artículo de Celso Alcaina titulado “Giordano Bruno, ‘aggiornamento' y nuevo paradigma”, me lleva a plantearme en voz alta lo siguiente: ¿Cuáles pueden ser las causas o razones de que, secularmente (largos siglos tras siglos), las autoridades de la Iglesia católica hayan juzgado tan duramente la libertad de pensamiento, de conciencia, de reunión, de expresión, de amor…?


Yo, que no me caracterizo por defender un pensamiento heterodoxo al uso, sin embargo me escandalizo ante la evidencia de que en muchos ámbitos de la Iglesia universal sigue siendo abismal la distancia entre lo que propone el Evangelio y lo que de hecho se hace, se dictamina, se acata, se propone, se justifica…

Hasta el extremo de que a menudo me pregunto por qué sigue siendo así. Pues de hecho, en la vida cotidiana del común de los mortales, las contradicciones entre el obrar y el decir no son o parecen tan declaradas, tan drásticas, pues el común de los mortales no participa de ese alto idealismo del que sí, al menos en la teoría, han de participar los católicos; y como es bien sabido que de la teoría a los hechos suele mediar un muy largo trecho…

Dicho con otras palabras: muchas personas que no van “de buenas” por la vida, y que por ende viven según una conducta no muy honrada, no especialmente caritativa y misericordiosa, al menos “no engañan” a nadie, pues son lo que son, como son, sin pretender evangelizar, catequizar, sin pasar por modélicos en conducta. Mientras que no pocos que van de católicos, siempre con las alforjas para el camino de la vida llenas de buenas intenciones, de una excelente teoría (la del Evangelio precisamente), como en la práctica son “malos como la carne de pescuezo”, escandalizan más que los que, sin pretender dar lecciones de excelsa moralidad al resto de la ciudadanía, pesan por la vida como mejor pueden o saben.

En fin, no sé bien, pero ahí quedan estos apuntes.


"Fiel a la Iglesia católica, pese a todo: pese a mis muchos pecados y tentaciones, pese a los de la propia Iglesia (LX)"


Javier Ronabales:


Me parece admirable el testimonio de ese discípulo de Cristo Jesús de que habla el enlace que facilitas. Ni que señalar que no lo conozco en persona, ni conocía siquiera de oías su labor de promoción humana y de evangelización integral, pero con lo que leo sobre él me basta para poder conjeturar que se debe en efecto tratar de un buen cristiano de espíritu liberador, e incluso libertario.

Por desgracia, empero, creo que en la Iglesia católica en España escasean testimonios como el de ese cura que incluso despierta la admiración del hispano-peruano Mario Vargas Llosa, brillante literato que no siempre exhibe palabras fáciles y halagadoras hacia la Iglesia católica pero que en todo caso, repito lo de que escribe que es un primor.

Y por desgracia también -en lo cual que paso a decir no coincido contigo, Javier-, el testimonio de ese excelente testigo del Resucitado lo que me pone de manifiesto es la realidad de esa mayoría de fieles católicos que viven en lo profesional de la Iglesia católica pasando de aspectos fundamentales de la doctrina del Magisterio. Como ya he repetido aquí mismo en Atrio tropecientas veces, hasta acabar aburriendo a las ovejas,  el que esto sea así cuando considero lo canallesca, hipócrita, injusta y miserable que ha sido para conmigo la actitud de los responsables eclesiales a los que vengo pidiendo ayuda desde hace la friolera de nueve años…

Pero bueno o en fin, que me repito más que el eco, que el hipo, que un regüeldo. Comoquiera que sea, estoy convencido de que lo peor de todo este asunto no es solamente lo que me han jodido a mí habiéndose desentendido completamente de mi situación, de mi caso, de mi vida, sino la patética constatación de que una Iglesia de gestores, pastores y jerarcas tan hipócritas -salvo loables excepciones que solo Dios conoce, sean muchas o pocas, sean las que sean-, no puede atraer a la gente alejada, no puede ser levadura que fermente la masa. Con lo cual la Iglesia católica, en España al menos, seguirá caminando como imparablemente hacia su consolidación como una gran secta marginal.

(Espero dejar de hacer referencias por un tiempo a estas mis cuitas, en Atrio y en mi propio blog. Mis lectores, que igual siguen siendo pocos, deben estar ya hasta la coronilla de esta obsesión mía, de la que, por otra parte, ya he dejado suficiente constancia, considero. Y con la que no voy a sacar nada "práctico" para mi vida; al contrario, los hipócritas eclesiásticos que me han jodido pasando de mí, si me leyeran en estas confesiones escritas sabrían y sobre todo querrían encontrar motivos justificadores de su miserable, ruin y canallesca actitud para conmigo -en estos calificativos mismos, sin ir más lejos, encontrarían resentimiento y odio con que justificar lo que me han hecho, y tan panchos que seguirían en la poltrona-. Y además me espetarían lo que suelen, lo que han solido hacer: como me atrevo a señalar que una mayoría de seglares que viven en lo profesional gracias a la Iglesia católica pasan de aspectos nucleares de la doctrina del Magisterio -sobre todo en lo tocante a sexualidad, moral familiar, procreación, métodos de control de la natalidad...-, me acusarían de estar juzgando a todas esas personas. Así que como muy poco se puede hacer a este respecto, dada la realidad de la Iglesia católica que tenemos, lo mejor es tratar de organizarse uno su vida de la mejor manera posible; más en estos tiempos de crisis económica que no cesa. Porque desde luego, si no me han querido ayudar, luego de haber sido yo idealista e ingenuo en su momento por "causa de la Iglesia", y teniendo en cuenta asimismo todo el poder que esta sigue teniendo, todos los privilegios en materia educativa de que sigue gozando -que es mi ámbito de trabajo profesional-, es porque no han querido. Hipócritas. ) 


Buen día.

domingo, 7 de abril de 2013

"Fiel a la Iglesia católica, pese a todo: pese a mis muchos pecados y tentaciones, pese a los de la propia Iglesia (LIX)"


Buenos días, Javier:


Nuestras posturas están claras, mas justamente por ello no dejo de admirarme de la fuerza con que expones tus puntos de vista, tus ideas. No siempre coinciden con mis planteamientos, a menudo no coinciden, y ni que decir que con la doctrina de la Iglesia católica lo más normal es que tus planteamientos ideológicos choquen frontalmente.



Así que prefiero quedarme con esa apuesta que pretendes formular en tus últimas reflexiones -y en general, en todas las tuyas- por la vida: siempre  a la vida. Un sí, entiendo, que es mucho más que el sí conservador católico contrario al aborto (contra el que me sitúo, el aborto), por ejemplo. Intuyo o conjeturo que tu sí a la vida es algo así como un deseo de reconciliación radical y plenamente consciente con la tierra, con esta vida que nos es dada.


Completamente de acuerdo con esa afirmación vitalista tuya. Y más cuando uno de los períodos de la historia de la Filosofía que más me apasionan es el que inauguran filósofos vitalistas como Schopenhauer, Kierkegaard, Nietzsche… Esto es, la centralidad del hombre, con toda su problemática equívoca, confusa, contradictoria, la centralidad de ese hombre de carne y hueso en la reflexión filosófica. Y más me parece estar de acuerdo con ese sí a la vida tuyo cuando creo haber sufrido en mi propia vida un auténtico atraco (sin armas, no atraco a mano armada, pero sí atraco ruin e hipócrita) perpetrado por la hipocresía eclesiástica de la Iglesia en España, y así pues no solo en mi diócesis de origen -ya ven ustedes, vuelvo a sacar el asunto de mis cuitas aquí en Atrio-.

Y sin embargo, sigo creyendo en la fe de la Iglesia. Quizá porque, como sugiere cariñosa y amablemente una bloguera que me vista en mi propio blog, tengo sobrados motivos para estar resentido con la Iglesia católica, cierto, pero a la vez mi fe no debe ser tan endeble: no he roto con la Iglesia. Ella misma, esa bloguera a que me refiero, lo aventura: “No debe ser nada despreciable tu fe, pues conozco casos de fieles católicos que, por mucho menos de lo que te han hecho a ti los eclesiásticos de turno, se han acabado apartando de Cristo y de su Iglesia, y tú con todo no”.

Reconozco, Javier, que abuso de la paciencia de Antonio Duato coordinador de Atrio y de la paciencia de los lectores de este portal -en el que al menos me puedo expresar con libertad -"virtud" posible aquí de la que otros portales más católicamente ortodoxos u ortodoxamente católicos no podrían presumir, desde luego- al reiterar hasta la obsesión el episodio mortificante de mis cuitas con la Iglesia católica, pero es que lo que me han hecho me parece un atentado tan canalla, diabólico, hipócrita, injusto y miserable contra mi vida, precisamente contra mi sí a la vida, que no puedo dejar de aprovechar todo resquicio que se me ofrece para denunciarlo. Procurando, esto sí, que no me afecte demasiado lo ocurrido -que igual sí me sigue afectando, puesto que me acuerdo mucho de ello, como si pareciera que no lo he superado…-, pues mi sí a la vida, a la que tú mismo das tanta importancia, exige valor, el esfuerzo de sobreponerme, el esfuerzo de no mirar tanto atrás…

Saludos. Buen día.


Postdata: no entro a valorar una vez más el espinoso y dramático asunto de la crisis de fe que sufre la Iglesia católica, el cual voy a tratar de exponer con un ejemplo. Este viernes pasado, luego de participar en un curso sobre la filosofía de Gilles Deleuze y el cine, quedé con uno de los jóvenes cinéfilos y cineastas para tomarnos algo. Él se considera agnóstico o así, vamos, escéptico como poco, pero aun así me espetó: "De entre todos mis amigos y amigas, no creo que pase del 1%, igual ni llega siquiera, los que se consideran cristianos practicantes".

De modo que se me antoja inevitable la pregunta: la juventud española pasa mayoritariamente de la fe de la Iglesia, ¿por qué? Siendo así las cosas, ¿no se tiene la permanente impresión o sospecha de que algo muy grave se está cociendo en la sociedad occidental? ¿No se tiene la permanente percepción de que una auténtica revolución moral y en todos los órdenes está sacudiendo el mundo, que sufre dolores de parto o como de parto en pro del advenimiento de una nueva era?

Y también otra inevitable pregunta que me interesa delicadamente porque tiene mucho que ver con mi trayectoria pèrsonal: si la inmensa mayoría de la minoría juvenil católica española, es un secreto a voces que pasa de aspectos nucleares de la doctrina del Magisterio, ¿qué sentido tiene ser como yo soy, un machacado-puteado por la Iglesia católica, y a la vez empeñarme en esa fidelidad al Magisterio? Filósofos post-estructuralistas como Derrida, Deleuze  o Foucault, que critican (deconstruyen), las nociones de ser, sujeto, identidad, etcétera, seguro que se reirían de mi ingenuidad, en tanto yo sigo intentando desentrañar la complejidad del pensamiento de cada uno de ellos... 

Conozco lo que al respecto sostienen algunos amigos míos: obrando así, Luis, me replican, te muestras como un perfecto bobo, como un tonto del capirote. Pasa de esa gente, me dicen, pasa de la Iglesia, ¿no han pasado ellos de ti sin piedad, dejándote con el culo al aire en la estacada, en la cuneta al borde del camino?, pasa tú de ellos ahora, mándalos a la mierda, vive, goza, folla, me recomiendan. Si a ti, que eres aún militante cristiano, te han jodido -porfían-, y sin embargo consienten que toda suerte de trepas, figurones, burócratas antimilitantes, arrivistas, desencarnados y meros enchufados vivan en lo profesional gracias a la Iglesia, ¿qué haces que no los mandan a la porra ya de una puñetera vez...? Por la luz bendita que me está alumbrando que me han dicho esto que transcribo.

Creo darme cuenta de que es justamente eso lo que hace una mayoría de la juventud española. Pero creo que no toda la juventud española es ultrahedonista, materialista irredenta, irreligiosa, individualista a rabiar, pragmática deshumanizada... Pues lo sorprendente es que en medio de esta sociedad española neopaganizada a tope, no faltan jóvenes testimonios auténticamente confesantes del Evangelio y de la fidelidad a la Iglesia.


sábado, 6 de abril de 2013

"Fiel a la Iglesia católica, pese a todo: pese a mis muchos pecados y tentaciones, pese a los de la propia Iglesia (LVIII)"


Gracias por tu comentario, Javier:

Buenos días. Intentaré aplicarme algunas de las “lecciones” que aportas en tu comentario. Con todo, ya sabes que un punto de fricción entre nosotros es la acogida o no acogida que damos al Magisterio, respectivamente. Yo lo acepto y tú no; y sobre este particular, puede parecerte una idiotez el que yo lo acepte. Con todo, no voy a pormenorizar sobre este asunto, sobre este particular.

Sí, sobre lo incoherente de una Iglesia que, por boca o iniciativa de sus pastores, predica A y luego hace B. Sin embargo, no lo voy a hacer en este comentario, pues de hecho es lo que hago en casi todas mis intervenciones en Atrio. (Con todo, ni que aclarar que para Dios, todas las personas somos en mayor o menor medida incoherentes, hipócritas y pecadoras.)

Considero que el mal de fondo es la patética y espantosa crisis de fe que asola al Pueblo de Dios. Esto es: el materialismo, el egoísmo, el desamor, la insolidaridad, el hedonismo, el individualismo, la falta de ideales y de principios vinculantes o imperativos y hasta el escepticismo cínico, tan abundantes en la sociedad actual, son por desgracia actitudes que están muy presentes también en gentes de la Iglesia. A todos los niveles, en mayor o menor medida.

Ya sé que para ti no tiene mayor importancia, o puede que no la tenga, pero para mí, quizá por ingenuidad, quién sabe, es dramático que la inmensa mayoría de la gente joven pase de la Iglesia católica; y es más, no es menos preocupante que, de entre la minoría de gente joven que no pasa de la Iglesia, la mayoría sí pase del Magisterio. Hasta el extremo de que creo conocer a algunos de estos jóvenes católicos que, a pesar de vivir en lo profesional gracias a la Iglesia, pasan de su Magisterio.

Tales hipocresías e incoherencias son perfectamente conocidas por los pastores, por los jerarcas, y sin embargo yo al menos no capto que se haga realmente algo por cambiar tal situación. Al contrario: algunos de esos jóvenes a que me refiero, cuando les aprietas las tuercas sobre la contradicción tremenda existencial en la que viven inmersos, lo que hacen para defenderse es atacarte a ti, atacarlo a uno, a base incluso de acusaciones: difamador, resentido, odiador, cátaro, fanático…

Y la cosa es tan grave en la Iglesia católica, que en efecto como no tomes distancia de toda esa problemática, lo vas a pasar mal: casi nadie te va a prestar ni la más mínima de las atenciones, y puede incluso que se dediquen a sembrar la leyenda de que uno es un loco de atar, como sé que han tratado de hacer conmigo.

Nada más. Saludos y buen sábado.

"Fiel a la Iglesia católica, pese a todo: pese a mis muchos pecados y tentaciones, pese a los de la propia Iglesia (LVII)"


Javier Renobales:


Creo que eres una persona muy inteligente. Quiero decir que, casi siempre por tus respuestas, demuestras una perspicacia muy aguda, penetrante, muy audaz. De verdad que lo siento así; y es por ello, estimo, por lo que me resultan sugerentes tus comentarios en Atrio, incluso, ni que decirlo, cuando discrepo de ellos.

Tengo poco tiempo ahora mismo, pero prometo que trataré de volver mañana sábado a este artículo o post. Con todo, sí querría decir que no quiero entrar a comentar nada de lo que dices sobre cómo ves tú la Iglesia católica, su Magisterio, o por qué te sientes condenado eternamente por ella, por la Iglesia. Porque lo que me interesa destacar -sobre lo cual espero poder entrar con más pormenor o detalle mañana- es la permanente incoherencia de una Iglesia católica que predica A y hace B, que predica C y hace D, que predica E y hace P…

Cierto que no toda la Iglesia es así, ¡ni muchísimo menos!, puesto que testimonios entusiasmantes de tomarse en serio el Evangelio, tampoco faltan en este alborear del siglo XXI en que nos toca vivir, pero sí que no es menos cierto que la Iglesia -y ahora que digo Iglesia me refiero sobre todo a sus pastores, a sus autoridades, a su jerarquía- parece haberse especializado en lo que acabo de decir, en decir A y hacer B. Y como yo además creo haberme sentido engañado, manipulado, estafado, vapuleado y puteado por el conglomerado hipócrita e incoherente de la Iglesia -que sin embargo me ofrece la posibilidad de la salvación, según creo yo que me la ofrece, a la luz del mensaje de Jesucristo-, no hay dios que me pueda hacer tragar y comulgar con lo contrario.

Dicho de otra manera: en su momento yo fui sincero, transparente, ingenuo, idealista y a pecho descubierto fui con respecto a la Iglesia católica; esta ha sido para conmigo -obviamente, un pequeño sector de la misma-, hipócrita, ruin, miserable, canallesca. Hasta el extremo de que lo que me han hecho experimentar pasando de mí, es que mi vida les ha importado un pimiento: el que me vaya bien o mal, el que haya podido rehacer mi vida tras mi salida del Seminario... De modo que cuando creo advertir en tus críticas a la Iglesia católica, Javier, que pones el dedo en la llaga de toda esa podredumbre eclesial, yo me siento identificado, comprendido, acogido, respaldado. ¿Entiendes?

Aunque por motivos distintos a los tuyos, bien es cierto: tú celebras que la gente en masa o en bloque pase del Magisterio, porque consideras que el Magisterio sigue defendiendo lo indefendible en tantos asuntos y materias, la sexualidad, por ejemplo (rechazo a la anticoncepción, deslegitimación de las relaciones homosexuales, condena sin paliativos del aborto, rechazo de la práctica del amor libre...), mientras que yo lo que lamento es que mucha gente que se dice católica, incluida, entiendo, la mayoría de los que viven en lo profesional de la Iglesia católica, hagan de su capa un sayo y así pasen del Magisterio, en tanto yo, pecador que soy y muy temperamental, a pesar de haber demostrado de mil maneras que no deseo pasar del Magisterio y a pesar de mi trayectoria militante o de conversión que ya dura 25 años y a pesar de una cierta formación intelectual que he ido atesorando, no he recibido más que desprecios e indiferencia por parte de los responsables de toda la Iglesia católica en España a los que he pedido alguna clase de ayuda profesional.

Mañana más, Dios mediante; tranquilo, empero, que esta es una expresión al uso: una vez, recuerdo, se demoró en explicar todo esto en magistral conferencia nada menos que Gregorio Salvador Caja, en el Aula Magna de la Universidad de La Laguna, Tenerife, hace de esto ya 20 años.


viernes, 5 de abril de 2013

"Fiel a la Iglesia católica, pese a todo: pese a mis muchos pecados y tentaciones, pese a los de la propia Iglesia (LVI)"


“La frase  ‘Padre, por qué me has abandonado’ tiene un sentido claro, y más cuando está Jesús a punto de morir torturado y asesinado por querer traer el Reino de los pobres” (…)

Esto es algo que afirmas en tu último comentario, Javier; sin embargo, como ya adelanté en uno mío en respuesta a alguno tuyo, la exégesis común o consensuada de la Ecumene, se entiende que cristiana, afirma que esa imprecación de Jesús en la cruz, en El Gólgota, Jesús en plena agonía, no expresa esa desesperación que tú señalas, esa pérdida de la fe en Dios y en su propia misión mesiánica. Sin duda, es una imprecación tremenda, angustiosa, mortalmente angustiosa, que parece desesperada, gravísima, pero no es expresión de ateísmo y de desesperación sin remedio, irredenta. Y es esta la explicación en la que yo sigo creyendo.

Es más: los estudiosos están de acuerdo en señalar que se trata del primer verso del salmo 22, muy conocido de todo el Salterio, muy estudiado y rezado, invocado por el pueblo de Israel desde siempre, y obviamente muy conocido por el propio Jesús.

El papa Francisco es original en formas y gestos, es humilde y austero, espiritual y da muestras, de palabra y de obra, de estar muy sensibilizado con la causa de los pobres (por todo ello y por más, bendito sea Dios y bienvenido el papa Francisco): sin embargo, el papa Francisco está pastoreando una Iglesia universal que él recibe de su antecesor Benedicto XVI y este a a su vez recibió de Juan Pablo II y este… Mas en todo caso, ningún papa se “inventa” la fe, la saca de la chistera de su originalidad; cierto que cada uno imprime su sello, pone el acento en tal o cual aspecto del depósito de la fe, pero no se inventan una Iglesia a su gusto.

Y por último, en lo tocante al número 847 del Catecismo de la Iglesia Católica, que tú citas, Javier, cito por mi parte: “Los que sin culpa suya no conocen el Evangelio de Cristo y su Iglesia, pero con corazón sincero buscan a Dios e intentan en su vida, con la ayuda de la gracia, hacer la voluntad de Dios, conocida a través de los que les dice su conciencia, pueden conseguir la salvación eterna”.
Cierto que la cita se refiere a los creyentes que no conocen a Cristo ni a su Iglesia, no a ateos o a agnósticoso resto de toda clase de librepensadores. Sin embargo, la liturgia de la Iglesia universal se acuerda de agnósticos, ateos y librepensadores de toda clase en la oración de los fieles en la Vigilia Pascual. Y tiene palabras de esperanza para estos: “Recemos también por los que no creen en Dios, en Jesucristo ni en su Iglesia,  para que, de alguna manera misteriosamente iluminados por Dios en fidelidad a la propia conciencia, alcancen también la salvación”, etcétera.

Sin embargo, Javier Renobales, la Iglesia católica está conformada por pecadores, circunstancia que yo mismo he reconocido por activa y por pasiva aquí mismo en Atrio. Hasta el extremo de que una cosa o un plano en efecto es la teoría, la doctrina, el ideal, el testimonio de vida de tantos miles y miles de santos, santas, mártires y confesores de la fe, y otra, la triste realidad de una institución a menudo hipócrita, mundana, nepotista, llena de arrivistas, trepas, vividores, burócratas y enchufados; y que a mí mismo, como he tenido ocasión de confesar en Atrio -con el efecto de ya aburrir, con la cita de mis cuitas, al personal que me lee-, me ha jodido mucho mucho la vida, con lo cual que me ha pasado he pasado a estar convencido de que el gran error de mi vida, a enorme distancia del segundo, fue el que cometí entre los años 2001 y 2002. Un error que fue cuatro errores juntos, cuatro errores en uno, como fases de un mismo movimiento: a) renunciar al amor de una chica que me quería (feminista y a la vez muy femenina, excelente profesional, ya funcionaria a los 28 años, deseosa de ser esposa y madre…) b) renunciar a mi trabajo de profesor de Secundaria c) autoexcluirme de las listas de la Consejería de Educación del Gobierno de Canarias (quemar las naves por idealista y por gilipollas) d) ingresar en el Seminario Diocesano de Canarias.

Casi 12 años después de aquella toma de decisiones fatal para mi vida posterior, y salvo los tres años de permanencia en el Seminario -que son como una burbuja, como vivir en una burbuja- y el año de transición posterior, del 2004 al 2005 -en que trabajé brevemente en una cárcel de menores, en la que conocí a dos chicos que estaban en ella por delitos de sangre-, he transitado por ocho años últimos de mi vida que han sido, con diferencia, los peores de mi existencia, sin comparación alguna con otros períodos de mi vida anteriores. Y han sido los peores no solamente por mi impericia, por la crisis que nos golpea y angustia, o porque no haya sabido ser lo suficientemente audaz, metódico y hasta arriesgado en la toma de ciertas decisiones, sino que han sido así y siguen siendo así en no poca medida por lo que yo llamo hipocresía eclesiástica: porque los responsables de la Diócesis de Canarias, los muy hipócritas, a los que insistentemente he pedido ayuda, comprensión, auxilio, SOS, algo humano -en vista de mi trayectoria, de mi formación, de mis renuncias en su momento, de mi identificación pese a todo con el Magisterio, oh ingenuo de mí, oh infelice-, miserablemente han pasado de mí, no han querido saber nada de mí, me han dicho un “Ahí te pudras, botarate”.

Hasta el extremo la cosa de que ni tú, Javier, con todo lo crítico que eres con la Iglesia católica -y yo, créeme, aprendo no poco de tus críticas, o eso me creo-, ni imaginarte puedes el sentimiento de rabia contenida que experimento ante la sola visión de esos eclesiásticos hipócritas que conmigo se han portado como auténticos Pilatos, lavándose las manos, o sea, desentendiéndose totalmente de mis justas reivindicaciones. Con decirte que lo mínimo que pienso de los tales es que son tan ruines, o que lo han sido conmigo, que no merece la pena que yo me ocupe de ellos. Aunque ulteriormente los muy hipócritas me vengan replicando con que he de perdonar…
Nada más. Saludos.


Postdata:

Como ves, Javier, sigo creyendo en la fe de la Iglesia católica, por más que estoy convencidísimo de que del retraso de lustros que sufre actualmente mi vida (en lo profesional, lo afectivo, lo económico…), tienen no poca culpa los hipócritas eclesiásticos que miserablemente han pasado de mí desde hace ya ocho o nueve años: oídos sordos y entrañas duras a todos mis ruegos y reclamaciones. A todos. Mientras, esto sí, hacen campañas para “reclutar” alumnos y alumnas para las clases de Religión católica en la escuela pública, para cuya docencia suele colocar, el obispo de turno, por enchufe, y no por la calidad docente, militante o testimonial del profesor o profesora de turno -salvo loables excepciones, que yo también conozco-.


Y esta es también la Iglesia católica que tenemos, Javier Renobales: nepotismo y burocratismo antimilitante por un tubo, a granel. Como comprenderás, ningún “favor” profesional puedo esperar ya de una institución a la que me permito criticar en sus enormes hipocresías e incoherencias.


"Fiel a la Iglesia católica, pese a todo: pese a mis muchos pecados y tentaciones, pese a los de la propia Iglesia (LV)"


Javier Renobales:
 
1) O el papa Francisco cree en verdad en Jesucristo según la doctrina de la fe de la Iglesia, o es un mentiroso.
 
2) No es cierto que la escatología de la Iglesia condene a las personas ateas, por el mero hecho de ser ateas. Cierto que durante siglos se puso el acento, manipuladoramente, en advertir del peligro que conllevaba el ateísmo para la condenación eterna de las personas. En este sentido, se cometieron excesos y barbaridades sin número, en lo referente a sembrar el miedo a la muerte, a la condenación eterna, a la libertad de las conciencias, etcétera. Y puede que incluso en la actualidad persistan resabios, en la conciencia colectiva, de todo ello. De hecho, una de las oraciones de exequias reza “por el eterno descanso de Fulanito de Tal, cuya fe solo Tú conociste”. Así que me parece que no es exactamente así como dices, aunque ciertamente las comunidades cristianas de la Cristiandad toda han acentuado una cierta “amenaza”, digámoslo así, hacia los ateos, hacia el fenómeno del ateísmo.
 
c) Conozco la interpretación que dan otros exégetas a ese verso que pronuncia Jesús en la cruz: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?” En realidad, argumentan tales exegetas que Jesús lo que está es citando es un verso de un salmo; como cito de memoria y ahora no puedo contrastar el dato, no recuerdo qué salmo es, pero con pinchar en Google, se sale de duda. De modo que ese verso sería una suerte de oración petitoria de Jesús en la cruz, más que una confesión de haber perdido la fe en la misericordia de Dios. Claro que en esta explicación exegética más “ortodoxa” por cristológica, puede creerse o no.
 
Saludos.

jueves, 4 de abril de 2013

"Fiel a la Iglesia católica, pese a todo: pese a mis muchos pecados y tentaciones, pese a los de la propia Iglesia (LIV)"




Ya verás, bloguero, cómo el papa Francisco no "complacerá" ninguna de las reivindicaciones de la progresía: ni mujeres ordenadas para el ministerio presbiteral, ni aborto sí, ni legitimación de la homosexualidad, ni legitimación de la anticoncepción...

Porque el problema en la Iglesia católica es, más allá de este Papa -que sea bueno o malo, o como sea, o lo que haya sido como cardenal y lo que finalmente venga a ser como vicario de Cristo-, la espantosa crisis de fe que sufre: toda militancia es suplantada por la más cancerosa de las burocracias. Y más allá del júbilo y de la celebración de la llegada del papa Bergoglio, la mayoría de los que lo vitorean estoy seguro de que pasan de la doctrina de la Iglesia, sobre todo en materia de sexualidad humana, incluidos los que se ganan la vida gracias a ella en la docencia, la sanidad, los servicios sociales...

Esto es lo patético de la Iglesia. Lo escandaloso. lo miserable clericanallesco. Y el Papa actual, aunque lo quiera cambiar -que puede que lo quiera cambiar, solo DIOS conoce...-, no lo va a poder cambiar él solo, por sí solo, por más que sí pueda contribuir a poner las bases y las líneas maestras para esas necesarias reformas eclesiales.

Entonces, ya esperanza de cambios verdaderos en la Iglesia me quedan pocas, la verdad. Cambiar mi vida, sí, tratar de ser más justo, noble, auténtico, evangélico y honesto, pero me temo que de la institución eclesial, de podrida que está, poco se puede esperar realmente. 

Aunque ojalá me equivoque, por el bien de la Iglesia universal. Por el mío, por mi bien, tan afectado, entiendo, por la hipocresía eclesiástica, ya intento ocuparme yo.

Como que para mí es un permanente dolor: a estas alturas de mi vida, no tengo ya duda alguna de que yo soy un militante cristiano puteado por la Iglesia (me refiero, obviamente, sobre todo a la Diócesis de Canarias), en tanto una abrumadura mayoría de trepas, progres mundanizantes, figurones antimilitantes, desencarnados, arrivistas y meros enchufados viven de la Iglesia católica, sin servir al Reino ni a la Iglesia.


Postdata archiconocida: 

Yo no soy modelo de militante ejemplar, ciertamente; pero considero que luego de haber renunciado a un trabajo cuando ingresé en el Seminario Diocesano de Canarias en el año 2001 (quemando así las naves: autoexcluyéndome de las listas de la Consejaría de Educación del Gobierno de Canarias), y teniendo en cuenta que llevo 25 años de cultivo de una espiritualidad de conversión o militante en fidelidad al Magisterio, y teniendo además en cuenta que he ido atesorando una cierta cultura interdisciplinar (literatura, filosofía, teología, arte, cine, movimientos sociales, personalismo comunitario...) y que sigo empeñado en la noción católica de una familia cristiana militante (acaso una de las razones de no haberme podido casar: es muy difícil hoy por hoy en España encontrar una mujer joven deseosa de formar una familia en comunión radical con la doctrina de la fe la Iglesia), debieron haberme ayudado en algún momento de estos nueve últimos años de mi vida en que, insistentemente, les he pedido ayuda, una palabra de comprensión, un SOS, algo, las autoridades de la Diócesis de Canarias -debieron haberme ayudado pero no lo han querido hacer-.

"Fiel a la Iglesia católica, pese a todo: pese a mis muchos pecados y tentaciones, pese a los de la propia Iglesia (LIII)"



Hasta la fecha, el papa Francisco que conocemos (Francisco de Roma, según reza el artículo o post de Leonardo Boff "De FRancisco de Asís a Francisco de Roma") se ha manifestado empeñado en ofrecer la imagen y el sentido de “una religión esencial, sin adornos”, dicho a la manera de unas declaraciones recientes del cardenal norteamericano Timothy Dolan, otro de los “papables” en el cónclave último del que salió elegido nuestro Francisco I o de Roma, según el artículo de Boff. Esta sensibilidad del nuevo Papa por la sencillez en las formas, por lo austero, lo humilde al menos de apariencia, lo espiritual sencillo y franciscano, y en general por romper con prácticas seculares de pompa y boato, incluso prescindiendo de ciertas rúbricas litúrgicas que seguro el propio Papa no considera esenciales, está generando cierta reacción proveniente de sectores católicos muy conservadores, muy tradicionalistas de derechas. Pero solo lo apunto: no entro a pormenorizar sobre este asunto.
 
Fuera papamóvil, fuera residencia en palacio vaticano (en el Vaticano, el Papa sigue sin trasladarse de la residencia Santa Marta al Palacio...), fuera algunas formas protocolarias, fuera imagen papal revestida de inasequible poder, fuera medievales ropajes litúrgicos… Vale: al menos yo -igual por deformación teológica, por falta de celo católico, o por lo que sea-, todo esto del papa Francisco lo recibo con contento, con satisfacción, con esperanza, con respeto y con decidida voluntad de serle fiel al sucesor de Pedro: la esencia del Evangelio, su nervio constitutivo, no son las formas, sino el compromiso por el Reino, por las Bienaventuranzas. No para que “cualquier forma chabacana o chapucera” valga, no, sino más bien para resituar el problema en su justa dimensión. Porque a Dios nos figuramos que agrada la belleza litúrgica, ciertamente, pero más agrada que se dé de comer al hambriento, de beber al sediento, que se vista al desnudo, que se visite al preso o al enfermo…
 
Con todo, el papa Francisco que conocemos, al menos hasta la fecha, es el mismo que el pasado Viernes Santo exhortó al grupo de sacerdotes con los que compartió mesa, a dejar abiertas las puertas de las iglesias y encendida la luz de los confesionarios; así, igual la gente se anima a entrar, y a confesarse incluso. Asimismo, aunque sensible con el diálogo interreligioso y capaz de lavar los pies de una joven musulmana en el lavatorio de la pasada misa del Jueves Santo, papa Francisco hasta la fecha se ha manifestado como exquisita y muy ortodoxamente cristocéntrico; y desde esta ubicación, fiel a la Iglesia.
 
Además o por otra parte, ya en su etapa de cardenal de Buenos Aires calificó de “obra de Satanás” la ley que en Argentina regula los derechos de los homosexuales a contraer matrimonio. Que se sepa, el papa Francisco sigue siendo fiel a la doctrina al respecto de la Iglesia católica, la cual sigue considerando que las relaciones homosexuales no pueden merecer reconocimiento moral alguno, no así las personas homosexuales, que merecen máximo respeto. De manera que no se ha cortado un pelo a la hora de hacer suya la expresión “dictadura del relativismo”, tan cara al pontificado de su antecesor Benedicto XVI, sin duda un papa más preocupado por las formas, por lo litúrgico y solemne. Como tampoco se ha cortado un pelo, por muy políticamente incorrecta que pueda considerarse esa opinión suya que diré, a la hora de hablar del Demonio, el Maligno, Satanás, esto es, el Inicuo presente en este mundo decadente, neopagano, materialista, pansexualista y lleno de división, guerras y odios. En este sentido, no parece que vaya a rechazar ni una coma de la doctrina de la Iglesia católica sobre el aborto, la familia, el respeto a la vida, la eutanasia, la contracepción… Y estas son las ideas de un papa como Francisco empeñado en promover el compromiso de los cristianos por la solidaridad y la justicia.
 
En el corazón de su hasta el momento brevísimo pontificado, ya está siendo clara su invitación a que los católicos coloquemos en el centro de nuestras vidas la experiencia de la Cruz de Cristo, y no precisamente las juergas hedonistas. Y es justamente desde esa invitación a tomar la Cruz de Cristo desde donde, por lo menos hasta la fecha -aunque reconozco que es muy poco el tiempo transcurrido-, no se ha manifestado como antiopus, antikiko, anticomunión y liberación… Cierto que los de Marcel Lefevbre no deben estar precisamente muy contentos con el nuevo Papa, pero no habría que olvidar que los seguidores del cismático obispo Francés no son miembros de la Iglesia católica en plena comunión con esta. 


O al menos así es como lo veo yo.

"Fiel a la Iglesia católica, pese a todo: pese a mis muchos pecados y tentaciones, pese a los de la propia Iglesia (LII)"



En su última catequesis, el papa Francisco reafirma la doctrina católica tradicional: la resurrección de Cristo es un hecho histórico: los evangelistas narran un hecho que realmente sucedió, en el sentido tradicional que la fe de la Iglesia o la doctrina de la fe ha sostenido.
 
Como no podía ser de otra manera, el papa Francisco se sitúa en la línea más ortodoxamente paulina: “Si Jesús no resucitó, vana es nuestra fe”.

martes, 2 de abril de 2013

"Fiel a la Iglesia católica, pese a todo: pese a mis propios pecados y tentaciones, pese a los de la propia Iglesia (LI)"



Y detrás de José Bono en la fotografía que encabeza el post de Luis Fernando Pérez Bustamante, director de Infocatólica, comiendo todos de esas famosas rosquillas repartidas en Entrevías, Vallekas, el ínclito canario Pedro Zerolo, natural de Güímar, Tenerife.

En cierta ocasión, en mi periplo como docente por la escuela pública en Canarias, conocí a una profesora tinerfeña que me aseguraba haber conocido de muy primera mano, acaso como testigo de los hechos ella misma, la etapa "heterosexual" de Zerolo en su Tenerife natal, antes de trasladarse a vivir a Madrid, capital española en la que también residen los ilustres güimareros (nacidos en ese municipio del sureste tinerfeño, o sea, Güimar) Pedro Guerra, fenomenal cantautor, y Carla Antonelli, presidenta o expresidenta de los transexuales españoles.

No he confirmado el dato, ni me ha interesado hacerlo, pues Pedro Zerolo es muy libre de hacer con su vida lo que quiera, como yo de estar de acuerdo o discrepar de lo que él hace, siente o piensa. Y siendo una persona, paisana mía además, que me merece el mayor de los respetos como persona, también me merece una exigencia de respeto el señalar, por amor a la verdad precisamente, que el cardenal Jorge Mario Bergoglio rechazó rotundamente, sin fisuras, la normalización civil o legal del matrimonio homosexual en Argentina. Como pastor de la Iglesia universal que peregrina por Argentina, rechazó en su momento enérgicamente esa ley.

Entonces, católicos como José Bono y compañía que se han manifestado como abanderados de los derechos de los homosexuales (y en el caso de José Bono, también del aborto y de la contracepción), ¿qué es lo que celebran y esperan del papa Francisco? 

Abril, 2013, Luis Henríquez

"Fiel a la Iglesia católica, pese a todo: pese a mis propios pecados y tentaciones, pese a los de la propia Iglesia (L)"



El aborto ciertamente no, pero la anticoncepción está muy extendida, a la hora de la verdad (es decir, en la práctica de la sexualidad humana), en el Pueblo de Dios.

La doctrina de la Iglesia la rechaza, pero por lo común los fieles católicos hacen caso omiso de tal prohibición. Este es un secreto a voces que los pastores conocen, sin duda, y ante el cual no sé qué estrategias pueden estar planteando, pues lo cierto son los hechos que cantan: la mayoría de los fieles católicos en edad fértil pasan de las normas sobre moral sexual de la Iglesia. 

(Como en tantas otras ocasiones he querido reconocer o denunciar, no parecen ser fieles a esa exigente doctrina ni los que, en lo profesional, viven de la Iglesia católica: facultades de teología católicas, escuela católica, cuerpo docente de Religión católica en la escuela pública... Y entretanto a mí, que soy capaz de denunciar esta situación -por despecho, odio, resentimiento y rabia, apostillan no pocos-, habiendo renunciado a un trabajo por idealista y por ingenuo tras mi ingreso en el Seminario Diocesano de Canarias, y habiendo sido invariablemente militante cristiano fiel al Magisterio desde mis escasos 20 años hasta la actualidad de mis 46, y teniendo una cierta formación intelectual interdisciplinar y creyendo en el matrimonio cristiano militante -acaso una de las causas de no haberme podido casar: es muy difícil en España encontrar una mujer joven que realmente esté dispuesta a fundar una familia católica de verdad, según la fe de la Iglesia-, en la Diócesis de Canarias me han pagado con la más despectiva de las indiferencias.)

En fin.

"Fiel a la Iglesia católica, pese a todo: pese a mis tentaciones y pecados, pese a los de la propia Iglesia (XLIX)"




A menudo el sacramento de la confesión me ha parecido una invitación a caer en lo rutinario, en lo mecánico y pueril, en lo repetitivo sin vinculación exigente con mi propia vida de pecador. Sin embargo, nunca lo he abandonado, nunca, ni en los momentos de mayor turbación existencial de mi vida. Y más (más motivos para no abandonarlo, para no haberlo abandonado) conociendo estas palabras exhortantes del papa dimisionario Benedicto XVI: "El penitente a menudo tiene la impresión de que confesar sus pecados es algo parecido al que limpia el polvo de una casa: siempre parece el mismo polvo, invariablemente la misma suciedad, pero aun así hay que limpiar ese polvo, combatir esa suciedad". 


Y creo que he hecho bien, más allá de mis dudas, perplejidades y desganas, e incluso más allá de haberme tropezado con más de un confesor realmente malo, lamentable: no abrigo duda alguna sobre que, "misteriosamente", que es como ocurren muchas de las experiencias de la fe cristiana, este sacramento, tan despreciado por tantos y tantas, ha obrado maravillas grandes en mí, pobre pecador de andar por casa o de tres al cuarto.

Y como no podía ser menos, el papa Francisco ya ha expresado su sintonía con un sacramento que acaso sea de los que peor salud gozan, de entre los siete sacramentos de la Iglesia católica.
01/04/13 7:44 PM

Ah, por cierto, que se me olvidaba:


Espero no juzgar a nadie con lo que voy a decir, pero creo conocer varios casos de jóvenes de ambos sexos que se han ido alejando de la práctica de la fe católica, recientemente, sospecho que en no poca medida por el abandono total del sacramento de la reconciliación o penitencia. Y además también, por supuesto, por lo que repetía Karl Rahner: "El cristiano del siglo XXI, o es místico o no será".

De entre los casos que conozco, destaca el de una chica que comulgaba semana tras semana, mes tras mes, año tras año, lustro tras lustro, sin confesar jamás de los jamases. Hoy día más bien pasa de la vivencia eclesial de la fe. 

Abril, 2013. Luis Henríquez.

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