viernes, 12 de abril de 2019


En todas las familias existen conflictos, disputas de origen diverso, discrepancias... Incluso en la sagrada Familia hubo conflictos: el "embarazo" milagroso de María; la preocupación de María y José por el jovencísimo Jesús perdido en el templo; las críticas que recibía el propio Jesucristo, ya en su etapa adulta, por parte de personas de su entorno familiar y vecinal...
Así las cosas, pensemos en la Iglesia, que es comunidad de comunidades, familia de familias. Asimismo, hasta cierto punto la libertad de expresión es buena y saludable que exista en el seno de la Iglesia misma; diversos papas lo han reconocido. Es además legítimo desde una elemental atención al respeto más básico y constructivo a los derechos humanos.
Sin embargo, la justa equidad en el respeto a los derechos humanos y a la libertad de expresión en el seno de la Iglesia universal deben tener unos límites; de hecho, los tienen: los derivados de la propia doctrina eclesial vinculante.
Y henos aquí, así pues, con el nudo gordiano del asunto, a saber, numerosos católicos llamados o autollamados progresistas hace tiempo que vienen extralimitando claramente los límites de lo legítimo, de lo opinable o no opinable en lo tocante a doctrina católica.
Quien estas líneas escribe, absolutamente carente de poderes adivinatorios o mágicos, o de cualquier tipo extraordinario, desconoce por qué lo hacen así,un día sí y otro también. Así que no debo juzgar ninguna actitud, en modo alguno. Por lo demás, a veces las persistentes reivindicaciones de los grupos de la progresía llegan a mí con alguna fuerza, con alguna capacidad de atención y de reclamo; sin embargo, asimismo considero que a menudo, o sea, casi siempre, sus reivindicaciones sí que son una pasada. Es decir, no es tanto que me parezcan malo bien sino cuanto que las quieran pasar por cristianas y católicas.
Por ejemplo, en entrevista que no especifica el nombre del entrevistar o entrevistadora y publicada, cómo no, en Redes Cristianas (21 de junio, 2007), la "obispa" mulata Darlene Garnier, reverenda de un movimiento que se llama "Movimiento Cristiano LGTB" (es una agrupación de cristianos homosexuales de todo tipo, transexuales y bisexuales incluidos), luego de reconocer su condición de mujer lesbiana activa y de justificar por qué su estola lleva los colores de la insignia o bandera del arcoiris del orgullo gay, se despacha en la entrevista diciendo, contra toda la enseñanza magisterial católica, que en cuanto al celibato, "Dios nos regaló el sexo para ser disfrutado dentro de la responsabilidad". En confrontación con la fe de la Iglésica católica, "cum Petrus et sub Petrus", me gustaría conocer qué son o implican para la reverenda Darlene los conceptos de disfrutar y de responsabilidad aplicados al ejercicio gozoso y responsable de la sexualidad humana.
En cuanto a esa misma afectividad y sexualidad humana, la opisba mulata señala que en su comunidad religiosa prácticamente no existe de hecho el celibato (en verdad "ni de facto ni de iure"), y que por ende todos los miembros de eso suyo viven con total gozo y responsabilidad la sexualidad: obispos y obispas, reverndos y revcerendas, gays y lesbianas, bisexuales, transexuales, divorciados y divorciadas, parejas de novios... En realidad, puede que esto esté bien (permítaseme ahora ser abogado del Diablo por un momento), sólo que, una pregunta, ¿es eso evangélicamente justificable, verificable, aceptable, legítimo, católico y apostólico y mariano? Esta es mi duda.
"El sexo no es un pecado, es fuente de placer. Y como Dios es Amor y mi relación con Dios es de amor puesto que Dios me ama, Dios acepta mi condición de lesbiana; ergo, puedo y debo ser lesbiana con total libertad, puesto que es lo que Dios quiere de mí". Todo esto afirma Darle Garnier y por ello lo coloco entre comillas. E insisto: si las suyas son también palabras autorizadas de una sucesora de los apóstoles, puesto que no otra condición y misión deberían ser las suyas como sucesora que viene a ser de los apóstoles, ¿por qué tanta diferencia entre lo que dice ella y lo que han enseñado los papas, para la Iglesia católica y todos los hombres y mujeres interesados, durante todo el siglo XX y lo que llevamos de siglo XXI? O miente ella, sabiéndolo o sin saber, equivocándose a consciencia o no, o mienten y se equivocan los papas, todo el Magisterio eclesial en peso, pues las posturas doctrinales son irreconciliables. 
Es decir, no se trata de opinar sobre si las homilías deberían durar diez minutos o veinte, o sobre si en el momento de la consagración es mejor estar de rodillas o hacer ligeras inclinaciones de cabeza al unísono con el sacerdote oficiante(y no digo que esto no sea importante, pero no es sustantivo, entiendo), sino que como vemos, se trata de contenidos y materias muy sustantivos.
Pero volvamos con el contenido de la entrevista. Continúa la reverenda afroamericana afirmando que "si la Iglesia "tradicionalista" ha condenado la homosexualidad es porque ha traducido mal el hebreo y el arameo", se entiende que especialmente en los pasajes referidos a la condena bíblica de la homosexualidad. Y ello es, se atreve a afirmar nuestra autora, porque la Iglesia tradicionalista ha traducido mal los textos originalmente escritos en griego, hebreo, arameo, puede que hasta las traducciones al latín de la "Vulgata". Alucinante. Y nosostros, pobres fieles de la Iglesia tradicionalista, durante siglos engañados, es decir, docenas y centenas de generaciones precedentes engañadas porque la Iglesia tradicionalista ha traducido mal esos pasajes; y claro, por culpa de esas malas traducciones, también el Magisterio se acabó equivocando, y por culpa del Magisterio incluso los santos y santas, y al fin a la postre todos los fieles ligados a esa Iglesia tradicionalista. Para echarse a llorar.
Así pues, según la reverenda y obispa Darlene Garnier si la Iglesia católica no fuese sexista, si no hubiese pedófilos en la Iglesia católica por causa de la represión sexual... 
En "Diccionario Bíblico de urgencia" (Monte Carmelo, Burgos 2003) nos encontramos con que en la voz "sexualidad" se dice que "Jesucristo afirma la superioridad de la virginidad sobre la legítima vida sexual en el matrimonio (Mt 19, 10-12, 1 Cor 7, 15-26; 11, 28)y declara pecado la concupiscencia (Mt 5, 28)." Entonces, ¿quiénes tienen la razón en toda esta historia, en tal controversia de contrarios muy contrarios?
En realidad, la "predilección" de Jesucristo por el celibato está determinada por la idea del "celibato por el Reino de Dios". Esto quiere decir que en la perspectiva evangélica el celibato entendido como renuncia pesimista a la sexualidad no es por sí solo un bien; el bien es cuando esa renuncia lo es para estar más disponible para el Reino. Y de tal renuncia, por cierto, ni por asomo habla la reverenda y obispa Darlene. ¿Por qué?
Yo, que soy laico, no consagrado, me supongo que célibe transitorio, sí lo planteo, porque creo que la doctrina evangélica no estaría completa si no la planteara también en esos pasajes sin duda exigentes y radicales en el seguimiento del Señor. Puede que Dios no me haya dado a mí ese preciado don de la continencia por el Reino, pero ello no es óvice para no plantearlo.
nota de 2009

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